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15 de diciembre 2006 - 00:00

Murió el ex piloto de F1 Clay Regazzoni

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Para pocos como para el ex piloto suizo de Fórmula 1 Clay Regazzoni, fallecido hoy en un accidente automovilístico en Parma, cabe la antigua máxima que reza "murió en su ley".

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Regazzoni perdió la vida a bordo de su propio vehículo al chocar contra otro automóvil en la autopista A1 que une Milán con Bologna, en la que viajaba rumbo al sur y mientras atravesaba territorio parmesano.

La policía de tránsito confirmó que el ex piloto, nacido en Lugano el 5 de septiembre de 1939 y paralítico desde que sufrió un accidente en 1980 que puso fin a su carrera en la Fórmula 1, perdió la vida en el choque.

Regazzoni manejaba su Chrysler Voyager especialmente adaptada por su discapacidad y su cuerpo sin vida fue reconocido por el personal policial que intervino para atender a las víctimas del accidente.

La silla de ruedas, cuidadosamente plegada en el asiento trasero de su vehículo, que quedó totalmente destrozado, fue el silencioso y definitivo testimonio del drama que para Regazzoni comenzó en una maldita tarde en Long Beach y pese al cual el piloto suizo jamás se rindió.

Sucedió durante el Gran Premio de Estados Unidos que se corría en el circuito callejero de Long Beach, cuando su Ensign se quedó sin frenos y chocó de frente contra el Brabham del argentino Ricardo Zunino, abandonado en una vía de fuga del circuito.

Su internación en el Paraplegikerzentrum de Basilea duró meses y todos los esfuerzos para superar una lesión irreversible en la duodécima vértebra dorsal fueron inútiles, hasta que el profesor Guido Zach, director de la que era considerada la "clínica de los milagros", se dio por vencido.

Pero Regazzoni no: su pasión por los motores y por las carreras era más fuerte que toda limitación impuesta a su físico averiado y, aún obligado a desplazarse siempre sobre una silla de ruedas, siguió participando en competencias de automóviles históricos e, incluso, en maratones africanas con vehículos o camiones, como el Rally París-Dakar.

Piloto de Ferrari, con la que en 1974 fue subcampeón mundial, en dos ciclos (1970-72 y 1974-76), le dio a Williams el primer triunfo de su tierra, en el GP de Gran Bretaña disputado en Silverstone en 1979, para dejar el equipo inglés el año sucesivo, con el arribo del argentino Carlos Reutemann.

Compitió con los mejores pilotos de la década del '70 y para todos fue siempre un rival tenaz, decidido y temible, aunque no pudo nunca superar la frustración que Ferrari le propinó en 1974, cuando no le dio el apoyo necesario para ganar el títulomundial en la última carrera de Watkins Glenn.

Pero el adversario que más lo impresionó y puso en dificultades fue un piloto argentino que no llegó nunca a la Fórmula 1: Carlos Pairetti, a quien en su libro "Cuestión de Corazón" definió como un "pazzo" capaz de las maniobras más audaces e improbables en una pista.

Allí recordó una carrera de Fórmula 3 en el circuito del Garda, en la que protagonizó con Pairetti un duelo que, según él mismo admitió, fue el más tremendo de su carrera: "Este loco salía de la curva más veloz a los volantazos y guiando con una mano sola, mientras con la otra indicaba que todo andaba bien".

En otro duelo con Pairetti, esta vez en el autódromo de Monza, sus coches impactaron y las peores consecuencias fueron para Regazzoni: se le desprendió un pedazo de lengua, al punto que se la debieron coser con varios puntos de sutura.

Después de aquel episodio, con Pairetti estableció una amistad intensa y duradera, reflejo de la rica y sincera personalidad de Regazzoni, un hombre generoso, apasionado y noble, además de haber sido uno de los mejores de aquella pléyade de formidables pilotos de los años 70.

Su nombre completo era Gianclaudio Giuseppe Regazzoni, era suizo, tenía 67 años de edad y amaba profundamente la Argentina,donde volvía cada vez que le era posible, para encontrar a Pairetti y a otros viejos amigos que el mundo de las
carreras le había regalado.

"Con Regazzoni desaparece no sólo un piloto, sino un hombre corajudo y generoso que siempre vivió del mismo modo", comentó al conocerse la noticia el presidente de Ferrari, Luca Di Montezemolo.

"Para mí, es como para perder a un hermano. Nos unió una verdadera amistad. Que muriese en un accidente de tránsito, resulta una ironía del destino", dijo por su parte el interventor de la Federación Italiana de Fútbol, Luca Pancalli, quien al igual que Regazzoni es parapléjico.

"Quiero expresar mi dolor por esta trágica desaparición. Regazzoni fue no sólo un gran deportista, sino ejemplo de una pasión civil poco común", comentó a su vez la ministra a cargo de Deportes, Giovanni Melandri.

Con 132 Grandes Premios disputados y cinco victorias, definido por Enzo Ferrari como "danzarín, futbolista, tenista y piloto en su tiempo libre", Regazzoni murió como vivió, incluso después que el destino lo dejó paralítico: a toda velocidad, con el acelerador a fondo.

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