El arbitraje de «mano dura» exigido por la FIFA, que había aprobado la primera fase, estalló en los octavos de final del Mundial, pero con los mejores árbitros europeos como inesperados protagonistas.
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La FIFA decidirá hoy qué árbitros seguirán en el Mundial, en medio de rumores sobre quién dirigirá el difícil partido que abrirá los cuartos de final, entre el local Alemania y Argentina, el viernes en Munich.
El español Luis Medina Cantalejo completó la crisis con el polémico penal en tiempo de descuento que concedió a Italia y permitió a los europeos vencer 1-0 a Australia y avanzar a cuartos de final.
Medina Cantalejo había recibido críticas previas de los propios italianos, porque a los 50 minutos expulsó al zaguero Marco Materazzi, sumando 24 tarjetas rojas en lo que va del Mundial y estableciendo un nuevo récord histórico en la materia.
El récord anterior era del Mundial de Francia 98, con 22 expulsados, superior a los 17 de Corea-Japón 2002, con la misma cantidad de 32 equipos.
«¿Acaso la FIFA no había pedido mano dura? Mi hijo no hizo más que aplicar el nuevo reglamento», expresó el ex goleador ruso Valentín Ivanov, al defender a su hijo árbitro, que se llama igual que él y que fue criticado por Joseph Blatter. El presidente de la FIFA, cuyas opiniones permanentes sobre el arbitraje no caen bien en ese sector, afirmó que Ivanov no estuvo «a la altura de los jugadores» y que él mismo tendría que haberse amonestado por su trabajo.
Otro árbitro de los más reputados en Europa, el inglés Graham Poll, también quedó expuesto, pero no por los reglamentos FIFA, sino por su grueso error de haber amonestado tres veces al jugador croata Josep Simunic. Poll, quien también fue duramente criticado por Blatter, admitió ante la Comisión de Arbitraje de la FIFA que su error se debió a que en lugar de anotar como amonestado al número 3 croata, escribió al número 3 de Australia, Craig Moore.
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