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El estadounidense, que resultó ganador tras una hora y 37 minutos de juego, basó su triunfo en la violencia de su saque (71% de efectividad en el primer servicio), que le permitió festejar 21 aces contra apenas tres del argentino.
Cañas no pudo aprovechar ninguna de las cinco posibilidades de quiebre, mientras que el local, cuyo primer servicio tuvo un promedio de 206,4 km/h, usufructuó 5 de las 14 que dispuso para vulnerar el saque adversario.
Argentina cerró su peor Grand Slam desde el Abierto de Australia 2002, que había sido el último de los grandes torneos en el que el tenis nacional se despidió antes del comienzo de la segunda semana de competencia.
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