Los libros de historia cuentan que en la ciudad de Olimpia, cada cuatro años, se celebraban fiestas deportivas sagradas en honor a Zeus, capaces de llevar a la gloria a quienes ganaban las contiendas que allí se disputaba y sólo por el placer y la honra de portar la legendaria corona de olivo. Eran los maravillosos Juegos Olímpicos. Las fábulas contenían nombres de prodigiosos atletas que forjaron un destino de súper humanos. Después de casi 2500 años, nada ha cambiado y las figuras de los deportistas más exitosos todavía generan devoción en todo el mundo.

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