Racing Club venció esta tarde con claridad e inteligencia a un desangelado River Plate por 3 a 1, como local, en un clásico intenso por la tercera fecha del torneo Apertura, que significó la "venganza" del entrenador Reinaldo Merlo, alejado del club de Núñez a principios de año por diferencias con el plantel.
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El local maximizó al extremo el eficaz plantel táctico ideado por "Mostaza" y se impuso con goles de Gonzalo Bergessio (8m.PT), Facundo Sava (45m.PT) y Adrián Bastía (16m.ST).
River había conseguido el empate transitorio con un cabezazo de Ariel Ortega (32m.PT), que repitió otra actuación decepcionante pese a lograr su primer gol desde que regresó al club.
La multitud de Racing deliró con la victoria como en los viejos tiempos de la era Merlo, que sin estridencias, no ocultó su felicidad por la revancha de ganarle al equipo capitaneado por Marcelo Gallardo, aquel que durante su estadía en River le manifestó su desacuerdo con el "proyecto futbolístico".
La tarde perfecta para el técnico de Racing se cristalizó con la expulsión de Gallardo en el tercer minuto adicionado por doble amonestación, que se sumó a la de Cristian Nasuti (43m.ST).
A modo de reivindicación, Racing superó claramente a River con el "método Mostaza": orden táctico, solidez defensiva, solidaridad, corazón y eficacia en ataque.
El rival opuso la antítesis: máxima confusión en la última línea, desconcierto en su estructura colectiva, bajo rendimiento de sus individualidades y muy poca actitud.
Por ello, la impresión general que entregó el clásico reflejó la nitidez del triunfo local, más allá que durante algunos pasajes fue River el equipo que buscó el protagonismo.
De arranque, Racing advirtió las ofertas del fondo "millonario" y exigió al permeable Juan Pablo Carrizo en apenas 4 minutos con un disparo bajo de Sixto Peralta, al palo izquierdo.
River insinuó una reacción con dos llegadas de Gallardo que pusieron un llamado de alerta en el arco de Gustavo Campagnuolo pero a los 8m., de una pelota perdida por Ortega, nació la apertura del marcador con un perfecto contragolpe que definió el incansable Bergessio con calidad.
Racing se escalonó, le cedió la pelota a su rival y lo dejó avanzar en el campo para que se descubriera la zona defensiva, de llamativa descordinación entre sus defensores y volantes de marca.
A espaldas de Belluschi, Lima y Zapata, el local encontraba las comodidades suficientes para que gravitara la precisión de Peralta, las ganas de Bergessio y el acompañamiento de Sava.
Pese a esa fragilidad, River llegó al empate en una acción que tomó por sorpresa a la defensa de Racing: Mareque se desprendió por la izquierda, envió un central al primer palo y Ortega -de cabeza- anticipó a Crosa y descolocó a Campagnuolo.
Sin embargo, la remontada no tuvo sustento colectivo porque Ortega, Gallardo, Belluschi y Farías nunca se asociaron para torcer el rumbo del partido.
Antes del descanso, Racing aplicó un golpe anímico clave: el segundo gol convertido por Sava, después de una excelente combinación entre Bergesio y Peralta.
Passarella apostó por Matías Oyola para el segundo tiempo y ordenó la salida de Mareque, cuya posición ocupó Zapata.
El funcionamiento no varió. Algunas apariciones de Ortega insinuaron un cambio pero todo se desmoronó a los 16 minutos cuando el tercer gol de Racing confirmó el descontrol defensivo de River y liquidó el partido.
Sava cruzó una pelota de izquierda a la puerta del área de River, Bastía -absolutamente solo- la dominó con dificultad, penetró por el callejón de los marcadores y ante la salida desesperada de Carrizo definió con una sutileza impropia de su perfil combativo.
Lo que siguió fue el derrumbe de un equipo que comenzó el torneo con gran ilusión por sus contrataciones millonarias y que, cumplida la tercera fecha, luce desgastado como aquellos que transitan por el final de un ciclo.
La impotencia deparó expulsiones "lógicas". Nasuti, al igual que Eduardo Tuzzio, se preocupó más por pegar y discutir que por jugar y vio la tarjeta roja a los 43m.
Y en el tercer minuto adicional, el mejor final para la película de Merlo: la expulsión de Gallardo para desgustar el sabor de la revancha.
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