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Puede ser que haya sido una estrategia de Ardiles para lograr un rápido resultado. Si fue así, lo logró. Regaló mucho de entrada porque la exagerada velocidad, con mucho de vértigo, que terminó con el gol de Rueda a los poco más de cinco minutos, le quitó fútbol. Tal vez hubiese sido más redituable serenar los ánimos, poner la pelota contra el piso y tener algo de tiempo para pensar un poco.
Luego de ese gol de Rueda, Racing pareció bajar los decibeles. Se retrasó unos metros, tal vez buscando lo que debió hacer desde el principio, pero se encontró con que la desorientación que mostraba todo Oriente Petrolero, sin apremios, no era tal. Escalante y Mangiantini tuvieron espacio para comenzar con tenues remates y luego se animaron a acercarse para encontrar algún espacio para Suárez y Reinoso (luego reemplazado por Giménez).
Seguramente, Ardiles debe haber elevado el tono de voz porque Racing reanudó con otras perspectivas. Se cerró mejor en defensa. Bastía no quedó tan solo y aislado, Sixto Peralta pudo dialogar con Mariano González, mientras que Rueda y Estévez pudieron ser más importantes en materia ofensiva, simplemente porque todo Racing se movía más en bloque, dejaba menos espacios libres y ya mostraba mejores argumentos en lo colectivo. Que Orozco haya llegado al gol ya tenía imagen de cosa juzgada; sin embargo, la diferencia pudo ser mayor.
De ahí en más, la superioridad de Racing se hizo manifiesta. Entraron Mirosevic, Milito y Bombín, y se sumaron al ataque Vitali y Arano junto a Peralta y Estévez. De no haber sido por el arquero Fernández, el desenlace podía haber sido otro. Casi se podría decir con diferencia de esas que quedan para el recuerdo.
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