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Si antes del partido se observaba la tabla de posiciones, no quedaban dudas de que River tenía una sola opción: el triunfo. El equipo apenas empató con Talleres en el debut en la Copa y luego cedió ante el América mexicano. Sin dudas, preocupante; más aún, si se tiene en cuenta que los dos partidos se jugaron en el Monumental.
Ramón Díaz sabía -mejor que nadie-que una derrota ante este inexpresivo Tuluá dejaba a River con un pie afuera de la segunda ronda. Sin embargo, a la hora de elegir los once titulares, el técnico tuvo que apelar a muchas caras «nuevas», preservando a los habituales titulares (salvo algunas excepciones) para el partido del domingo ante Boca.
A la luz del resultado, se podría decir que Díaz acertó, a pesar de lo que sucedió en el primer tiempo, donde River manejó los tiempos y la pelota a voluntad, pero no logró justificar esa supremacía en la red. Todo lo bueno que generaba Cambiasso en el mediocampo; Zapata, por el sector izquierdo; o Husaín, por derecha, se diluía en los pies de Domínguez y de Esnaider. Este último, incluso, desperdició oportunidades muy claras de gol; una de ellas, con pelota dominada, debajo de los tres palos y con el arquero Gómez sin ninguna posibilidad de reacción. El gol de Cambiasso, no bien comenzó el complemento, le dio cierta tranquilidad a River. Los colombianos tuvieron que buscar el partido unos metros más adelante, dejaron demasiados espacios en defensa y River los capitalizó, especialmente a partir del ingreso de D'Alessandro.
Dicen que el que busca encuentra: Esnaider aprovechó una de las tantas ocasiones que tuvo y cambió por gol. A Tuluá no le quedó más remedio que resignarse, ante un River que tuvo posibilidades de ampliar diferencias, y que no lo consiguió sólo porque se equivocó siempre en los momentos de la definición.
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