El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
No es novedad que el fútbol está lleno de imponderables. Nadie podía pensar que River --des-pués de esos minutos iniciales-podía complicarse de la manera en que lo hizo. Tampoco, que podía tener tantas fisuras en defensa cuando el Emelec le fue a pelear supremacías en la zona media. Menos, que River se iba a complicar con la expulsión de Rojas y que se iba a encontrar con ese «macanazo» del arquero Viteri, que intentó desviar la pelota con el puño y se la dio en la cabeza a Fuertes, que estaba en sus espaldas.
Pellegrini sigue sin encontrarle la vuelta a su equipo: que sea sólido en defensa (Willington Sánchez y Tenorio tuvieron no menos de tres situaciones claras para convertir), que los jugadores de la zona media encuentren cierta dinámica (bastó que Jorge Rojas se adelantara, que Borja, Hidalgo y Bucaram entraran en el juego ofensivo que proponían los mencionados Sánchez y Tenorio) y que en ofensiva puedan resolver con la capacidad individual, presencia de gente en el área y hacer valer el mayor peso individual (terminó en inconsistentes pelotas por elevación).
River estaba como sorprendido. Como jugando de «brazos caídos». Ameli y Demichelis saliendo con pelotazos largos, general-mente a un oponente. Astrada y Pereyra, demasiado abstraídos por la marca, sin encontrar una fórmula de salida, si no era por los intentos individuales de Luis González y Darío Husaín. Valga decir, descontados (o muy lejos) de Fuertes, que se debatía en soledad. Más que poco para alguna aspiración con fundamentos sólidos para el triunfo.
Después del «bombazo», Emelec fue un torbellino de gente en ataque. Sin orden, sin planteamientos definidos, sin capacidad manifiesta en lo futbolístico, pero con la suficiente potencia como para que los ecuatorianos estuvieran siempre cerca del gol. Hasta que Rezende se unió a los errores y le dio un penal (inexistente foul de Zapata a Tenorio) y Pacheco puso el empate, para agigantar la confusión de River. Rey y Tenorio, finalmente, le pusieron la frutilla al postre.
Dejá tu comentario