Guillermo Coria es la imagen de la impotencia y desesperanza. Al igual que el viernes, ayer volvió a perder, esta vez ante Hrbaty. El argentino, a pesar de dar todo, nunca pudo adaptarse a la superficie acrílica (arriba). Miembros del equipo eslovaco levantan en el aire a Dominik Hrbaty, luego de ganarle a Coria y lograr la clasificación para la final de la Davis (abajo).
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En el último encuentro, cuando ya nada se jugaba, llegó el 4 a 1 definitivo, cuando Karol Kucera se impuso a Mariano Puerta, que abandonó.
El marcador del encuentro decisivo, 7-6 (7-2), 6-2, 6-3, es un fiel reflejo de lo que ocurrió a la largo de los últimos tres días en el estadio Sibamac de Bratislava.
La legión argentina es técnicamente superior a sus vencedores, pero sobre la superficie acrílica del pequeño recinto cerrado para 4.000 espectadores nada pudo hacer.
El viernes, el primer punto logrado por Karol Beck también ante Coria (7-5, 6-4, 6-4), fue un adelanto de lo que podía ocurrir. Sin embargo, el empate 1-1 que significó la victoria de David Nalbandian sobre Dominik Hrbaty (3-6, 7-5, 7-5, 6-3), dio oxígeno a los argentinos, que entonces cifraron sus esperanzas en el partido de dobles del sábado. Pero fue sólo un sueño, una especie de espejismo inalcanzable, porque si bien los tres sets fueron parejos, 7-6 (7-5), 7-5, 7-6 (7/5), un desconocido Michal Mertinak (175° de la ATP, con casi 26 años), dio una demostración de concentración y de una eficacia increíble sobre la cancha acrílica, tan cuestionada por los argentinos, pero aprobada por la Federación internacional (ITF).
Hrbaty, quien se rapó la cabeza (al igual que lo harían sus compañeros) para festejar el triunfo ante una de las potencias del tenis mundial, dominó a Coria, que sólo le dio guerra en el primer set, definido en tie-break. Después, se limitó a esperar que su rival se cansara para doblegarlo sin atenuantes. Luego, para la estadística, Karol Kucera derrotó a Mariano Puerta 4-6, 6-3, 2-1 y abandonó por lesión en el antebrazo izquierdo.
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