Por la ausencia de Ortega -que de paso conviene aclarar que River la sintió y mucho-, el peso del enlace recayó casi en exclusividad en las grandes cualidades de un joven que ya no es promesa: D'Alessandro. Sin embargo, River llegó con intermitencias (aunque siempre con suma peligrosidad), porque recién Cambiasso pare-ció entender el idioma futbolístico de sus compañeros sobre la parte final.
Chicago hizo siempre «su» partido: manejó el medio cuando tuvo espacio, jugó sus cartas ofensivas en Mandra y Jesús y salió a pelearle el medio juego, mientras pudo. En la medida en que Serrano, Cardozo y Kmet debieron ceder terreno, se plantó para el contraataque y dejó ese argumento -que por momentos pareció mortal-para emparejar situaciones. ¿Resultado?: los dos se olvidaron del medio campo, de la marca y fueron a buscar el desnivel. El fútbol, agradecido.
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