Un futbolista se salvó de que una bomba de estruendo detonara en su mano de milagro. El jugador confundió el petardo con otra cosa, lo tomó y la arrojó fuera de la cancha, explotando poco antes de tocar al suelo.
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Por el susto tanto los árbitros como los jugadores se retiraron de la zona. Milagrosamente, el patardo ya estaba lejos, por lo que nadie sufrió heridas.
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