20 de marzo 2001 - 00:00

A bordo del Titanic y frete al iceberg

A fines de diciembre último el Poder Ejecutivo obtuvo el blindaje de $ 40.000 millones. Con él ganábamos credibilidad y se despejaba el financiamiento por los próximos dos años. Sobre éste podíamos aspirar a sentar las bases para reimpulsar el crecimiento económico que, en la década 1989-1999, nos llevó a ser uno de los países de mayor crecimiento en el concierto internacional. Ahora, el flamante ministro de Economía nos alerta con que, de seguir el curso que llevamos, no cumpliremos con las metas financieras establecidas en ese crucial blindaje. El desvío previsto es de nada menos que $ 740 millones de mayor déficit, en el primer trimestre, y de unos $ 2.000 millones para todo el año 2001. Los anuncios propician corregir los apartamientos en su medida exacta para poder cumplir, de esa manera, los compromisos asumidos. Las correcciones presentadas son detalladas y muestran la dificultad de la tarea. Reproduciendo el drama del título, el oficial navegante López Murphy alerta al capitán De la Rúa que el Titanic está en curso de colisión. La pérdida del blindaje podría tener consecuencias similares a las que el iceberg ocasionó al barco y a su tripulación.

¿Cómo llegamos a esta situación? Años de despilfarro con una estructura institucional que no defiende la propiedad y los derechos individuales. Como lo sabe cualquier familia responsable, el que no cuida su propiedad termina perdiéndola. A una nación le ocurre lo mismo cuando no protege las propiedades de todos sus miembros. En estas condiciones, cualquier vendaval, como los sufrió nuestro país en los últimos años, nos afecta más que a las naciones asentadas sobre bases más sólidas. Como lo explico en mi libro que aparecerá a fin de este mes, «Dolarizar: el fin de las monedas nacionales», la principal diferencia en la riqueza de las naciones radica en la eficacia con que la estructura institucional defiende la propiedad y demás derechos. La Argentina y Canadá tenían el mismo ingreso anual de $ 2.760 por habitante, en 1900, valuados en dólares de 1990. Mientras nosotros sólo aprovechamos parcialmente los frutos del progreso y alcanzamos ahora los $ 9.000, el canadiense promedio llega a los $ 22.000, con la misma moneda y forma de valuación. Los argentinos multiplicamos nuestro ingreso real en 3,3 veces y por más de ocho veces, los del país más boreal del continente. Con la misma plataforma agropecuaria, la principal razón de la diferente evolución entre ambos Estados es que las instituciones canadienses han protegido mejor la propiedad, la riqueza. Si bien el progreso de los canadienses es destacado, no es récord. En el mismo lapso, Corea multiplica su ingreso individual por 17 veces, Japón por 18 y Taiwán por 22. Las organizaciones políticas y sociales tienen una influencia determinante en las diferencias en el progreso de los pueblos. A su vez, por no estar dolarizado, Canadá genera un ingreso sustancialmente menor que su vecino del Sur. Mientras tanto, se escuchan las lógicas protestas de personas que se sienten perjudicadas y desconcertadas con las propuestas del ministro. «Vivimos de ajuste en ajuste», exclaman. Hay un refrán italiano que dice: «El médico bondadoso hace al enfermo gangrenoso». Cuando se requiere amputar y, en cambio, se recetan analgésicos y otras acciones ineficaces la enfermedad avanza y el enfermo se agrava. La necesidad de disminuir gastos subsiste en tanto no tengamos medios de sufragarlos, ya sea mediante impuestos o préstamos. En este sentido, las demoras en los recortes nos colocarán en peor situación porque estamos estirando un crédito que no tenemos. Cuanto más se retrase la implementación de la reducción de los gastos excedentes, mayor reajuste se necesitará luego. De ahí que titulara mi anterior artículo en Ambito Financiero «Cuanto más ajuste, mejor».

Protestas

Por su lado, referentes de la Alianza afirman no estar de acuerdo porque las medidas propuestas difieren del programa presentado al electorado. Es como si miembros de la tripulación del Titanic le retrucaran al capitán De la Rúa: «Les prometimos un viaje confortable a los pasajeros y no podemos defraudarlos. No podemos darles un viaje más incómodo que el promocionado». El oficial López Murphy les respondería: «Al partir ignorábamos la presencia del iceberg. Sus protestas no cambian la posición del hielo. Podemos seguir con la fiesta por unos días para, finalmente, terminar sumergidos en el océano helado sujetos a una madera. Yo propongo hacer el esfuerzo de suspender la fiesta y cambiar el rumbo del barco». Una diferencia con el drama del Titanic es que, en nuestro caso, los legisladores y ministros que no quieran acompañar el esfuerzo para salvar a los pasajeros tienen botes disponibles para abandonar el barco y quedar, por ahora, como los buenos de la película, que se preocupan por el bienestar de los pasajeros. Estos, luego se verá, resultarán condenados si no se cambia el rumbo. Encima, los legisladores que vendieron el programa a los pasajeros no se sentirán obligados a renunciar a sus bancas y demás privilegios que obtuvieron vendiendo el programa incumplible. Como otros roedores abandonan la nave dejando a sus víctimas en el curso fatal de colisión y hundimiento. Sin duda, nuestras instituciones, idiosincrasia y educación presentan muchas fallas. Tenemos una fijación con el fracaso. Mientras aplaudimos a funcionarios y personajes responsables de frustraciones importantes, perseguimos y denostamos a los que procuran ayudarnos y defendernos. Los que afirman que quieren el crecimiento y el abandono «del modelo», que no definen, propiciando continuar con el despilfarro de los recursos que son siempre escasos, son favorecidos por el electorado y la prensa. A pesar de que al despreciado «modelo», aplicado en la última década, le debemos más de la cuarta parte del crecimiento ocurrido en todo el siglo. Otros, que nos defendieron de males mayores, son perseguidos y sometidos a la reedición del proceso kafkiano. No es casualidad que grandes héroes de nuestra nacionalidad hayan sufrido el exilio. Pero el iceberg sigue amenazando y tenemos pocas horas para sortearlo. Cuando lo hagamos podremos aspirar a los beneficios del blindaje y la ganancia de credibilidad internacional. Esta vez, contra la previsión de los que desconfían de nosotros, ajustaremos nuestra casa para así llegar al destino de las grandes realizaciones que nos está esperando. Con los cambios de rumbo, señalados por López Murphy, el Titanic no se hunde y los pasajeros llegan felices a puerto. En mi libro muestro que las naciones que adaptaron sus estructuras a la protección de la propiedad fueron las que más progresaron. Las posibilidades de mejoría, en nuestro país, son mayúsculas. Porque hemos estado alejados de las conductas que premian el trabajo productivo, durante tanto tiempo, es que la implementación de las reformas estructurales que propongo nos lanzará hacia la prosperidad. El ministro plantea comenzar con alguna de esas reformas, como la apertura económica, ahora. En el libro explico, entre otras cosas, que el camino más eficaz para promover las exportaciones es demoler las barreras a la importación. Nosotros podemos, junto con nuestros socios del Mercosur, fácilmente derribar las nuestras.



Dejá tu comentario

Te puede interesar