La decisión del Reino Unido de Gran Bretaña de salir de la Unión Europea en 2016 resultó un peso difícil de sacudir para su economía y profundizó algunos de los problemas estructurales que en su momento alimentaron el impulso por el Brexit. Desde la inflación hasta los servicios financieros, estos son los indicadores clave para reconstruir la historia de la última década.
Existe un consenso entre los economistas, en que el Brexit dañó el rendimiento económico de Gran Bretaña, aunque separar su impacto del de la pandemia de COVID-19, que golpeó justo cuando el país completaba su salida de la UE, es difícil.
Reino Unido ocupa el penúltimo lugar entre las economías avanzadas del G7 en crecimiento económico per cápita, por delante solo de Alemania, con una fuerte industria manufacturera, que ha tenido severas complicaciones para adaptarse a un entorno comercial global dinámico y cambiante.
keir starmer
Starmer renunció a su cargo ayer.
Los gobiernos británicos que se han ido sucediendo paulatinamente, no han podido mejorar de manera significativa el rendimiento económico británico, que sigue marcado por un crecimiento interrumpido y un débil crecimiento de la productividad a largo plazo.
Los partidarios del Brexit señalan que la fortaleza de la independencia de Gran Bretaña respecto a la UE se encuentra en que le brindará flexibilidad a largo plazo, mientras que las peores predicciones sobre las consecuencias económicas no se materializaron.
Por su parte, algunos sectores han tenido buenos resultados, particularmente fintech, ciencias de la vida e inteligencia artificial, donde Reino Unido ha mantenido una posición global sólida. Sin embargo, otros sectores argumentan que incluso estas fortalezas han tenido un rendimiento inferior a lo esperado, frenadas por la misma debilidad en la inversión, inestabilidad política y fricciones comerciales que han afectado a la economía en general.
La inflación
Reino Unido experimentó más inflación que cualquier otro país de Europa Occidental, salvo Austria, desde la votación del Brexit, con precios al consumidor que registran un aumento acumulado del 41,4% a mayo de 2026, según datos oficiales.
Inicialmente se vinculó la escalada de precios a ciertos eventos disruptivos como el desplome de la libra en 2016 o el conflicto en Ucrania. Sin embargo, el fracaso en estabilizar las variables evidencia que la inflación ya mutó en un problema sistémico difícil de revertir.
Adam Posen, expresidente del comité de fijación de tasas del Banco de Inglaterra y actual conductor del Peterson Institute for International Economics, advirtió que el Reino Unido padece una propensión estructural a la inflación. Según el analista, este fenómeno responde directamente a una débil gobernanza económica, alimentada por tres factores: inestabilidad política, fragilidad fiscal y un persistente letargo en el crecimiento de la productividad.
En ese marco, Posen destacó que "en un mundo donde Estados Unidos no proporciona un seguro económico global, un Reino Unido que no está ni en Europa ni plenamente con EE. UU. es una economía pequeña y abierta, en una posición fundamentalmente más expuesta que en décadas. El Brexit refuerza eso".
Servicios financieros
En 2015, las exportaciones de servicios financieros británicos superaron con margen las de Francia, Alemania, Irlanda, Países Bajos e Italia juntas. Hasta 2024, esos cinco países habían superado colectivamente al Reino Unido, lo que demuestra cómo el Brexit ha diluido el dominio europeo de Londres.
Entre 2015 y 2025, la producción económica del sector de servicios financieros británico cayó un 27%, y ha perdido cuota de mercado en 10 de las 12 categorías de finanzas internacionales, según la firma de investigación New Financial.
Londres sigue siendo el principal centro de servicios financieros del continente y el mayor centro de comercio en los mercados globales de divisas, que valen casi u$s10 billones diarios.
Inversión, bonos y Libra
Años de incertidumbre sobre las condiciones comerciales británicas tras el Brexit deprimieron la inversión empresarial, que es solo alrededor de un 12% superior a su nivel de mediados de 2016, frente a un 23% más en Francia y un 48% en Estados Unidos. Alemania ha tenido peores resultados que Reino Unido, con un crecimiento de solo el 1% debido a su pobre rendimiento económico.
Los bonos del gobierno británico han sido más volátiles que otras deudas emitidas por países del G7, medidos por la desviación estándar a 10 años de los bonos de referencia a 10 años. Esto ha contribuido a la pérdida del estatus de "refugio seguro" para los inversores.
Por su parte, la libra británica es aproximadamente un 10% más débil frente al dólar y al euro en comparación con la situación previa a la votación de 2016. Esto ha contribuido al aumento de los costes de importación, sumándose a problemas de inflación en un momento en que Reino Unido también ha tenido que lidiar con un choque energético provocado primero por la invasión rusa de Ucrania en 2022 y, más recientemente, por la guerra de Irán. La libra esterlina ha sido susceptible a la inestabilidad política y alcanzó un mínimo histórico frente al dólar durante la mini-crisis presupuestaria de 2022.