Una sala
«Gold
Class» de
Village en
Nueva
Zelanda.
El modelo
será
aplicado
por esa
cadena en
Recoleta,
pero antes
por APSA,
en Patio
Bullrich.
Los nuevos dueños del centro Village Recoleta estudian cerrar algunas de sus dieciséis salas y reconvertirlas en «salas premium», con muchas menos butacas, un ticket que al menos duplicará el valor del más caro y servicio VIP de gastronomía. De todos modos, no serán los primeros: Alto Palermo SA tiene planes similares para su Patio Bullrich, donde ya cerraron dos de sus seis salas y convertirán una tercera en «premium».
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Esos cines tendrán 30 butacas en lugar de 150/200, azafatas, platos gourmet y baños separados del resto, entre otros beneficios que justificarán su mayor costo para el usuario.
Un rumor que recorrió el barrio de los cines decía que Village iba a cerrar nueve de sus 16 salas en Recoleta para hacer locales comerciales y aprovechar la masiva presencia de turistas en esa área de la Ciudad, en la que esa oferta es limitada. Eduardo Novillo Astrada, CEO de Village Argentina, dijo a este diario: «Hoy no es así; el futuro dirá qué hacemos. Estamos trabajando en las salas premium (que se llamarán 'Gold Class' y que fueron inventadas en el mundo por Village); también hay una posibilidad de que seamos el primer multicine digital de la región (los filmes ya no vienen en celuloide, sino que son transmitidos vía satélite a un servidor que los reproduce). Pero está todo en estudio».
Todas estas movidas, obviamente, apuntan a combatir la fuerte competencia que plantean los DVD truchos, que por una fracción de lo que cuesta una entrada permiten ver estrenos aún antes de que lleguen a las salas.
Es un hecho que el negocio de la exhibición no pasa por su mejor momento; así lo demuestra la partida de dos de las cuatro cadenas internacionales que tenían negocios en el país: una es la propia Village, que le vendió sus operaciones y su marca -más su abultada deuda- a un inversor estadounidense que aportó Novillo Astrada; la otra es la estadounidense Hoyt's General Cinemas, que le entregó sus multicines a un fondo local asociado con exhibidores venezolanos hace dos semanas.
En sentido inverso, permanecen operando en la Argentina el gigante ShowCase Cinemas, subsidiaria del megagrupo National Amusements -entre cuyos activos se cuentan MTV, CBS, Paramount Studios, Nickleodeon, etc.-, y la estadounidense Cinemark, la de mayor número de butacas y pantallas en la Argentina.
Costos
«Cuando se abrieron los cines en los 90, la entrada costaba siete, ocho dólares, y para equipar una sala había que invertir u$s 250.000. Hoy el ticket promedio no llega a los cuatro dólares y el valor de las máquinas subió», explica una fuente de Alto Palermo SA (APSA), cuyos shopping malls albergan buena cantidad de cines.
Además, agrega, el «candy store» y la gastronomía son hoy el negocio principal porque el valor del ticket «se va casi todo a impuestos y a los distribuidores». De todos modos, lo que se gasta en golosinas, bebidas y alimentos «per cápita» no llega a 20% del valor de la entrada, cuando la media mundial es 100%. Quizás por esto hayan cerrado sus cuatro salas en Paseo Alcorta y dos de las seis que había en Patio Bullrich justamente para hacer más locales comerciales. Sin embargo, el ejecutivo asegura que en el primer caso «estamos negociando con algunos exhibidores y dentro de poco anunciaremos un proyecto muy bueno, una clara mejora respecto de lo que teníamos antes. El público nos pide cines; lo vimos en un estudio de mercado».
En lo que hace al shopping de la avenida Del Libertador, adelanta: «Vamos a hacer la primera sala premium del país, con servicio de azafatas, sillones y livings en lugar de butacas, gastronomía diferencial... Va a costar el doble que el ticket más caro, pero el público del Patio lo convalida».
De nuevo, intentos de no perder más público a manos de las falsificaciones. Una combinación de costos prohibitivos, entradas en dólares a la mitad y caída en la asistencia de público hicieron que durante casi una década casi no se construyeran cines nuevos en el país.
Ahora se habla de proyectos, pero el único que está efectivamente en marcha son las dieciséis salas que levantará APSA en el shopping que está construyendo en General Paz y Acceso Norte, y que debería operar dentro de dos años.
La ubicación parece al menos riesgosa: a pocos minutos por autopista -y separados apenas por la Panamericana- están Unicenter y ShowCenter Norte, cada uno con un número de salas similar. Si Carlos De Narváez concreta finalmente su intención de levantar otro centro comercial en Libertador y General Paz, que también prevé cines, la superposición de butacas -sumada a la retracción de los consumidores- podría provocar más de un colapso en este negocio.
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