Mar del Plata (enviado especial) - Se viene otro intento por resolver las asimetrías comerciales con el socio del Mercosur: «En las próximas semanas anunciaremos el inicio de conversaciones con Brasil con el objetivo de actualizar los protocolos de 1985, firmados por Raúl Alfonsín y José Sarney, como vehículo para resolver las asimetrías comerciales entre los dos países y establecer una relación más armónica».
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La noticia fue adelantada a este diario por Juan Pablo Lohlé, embajador argentino en Brasilia. El diplomático estaba marchándose de Mar del Plata, con la conferencia de la Unión Industrial Argentina a punto de concluir, y en la que había abogado -igual que su par brasileño Mauro Vieyra- por el entendimiento entre ambas naciones.
Por entonces, la UIA y la FIESP -la poderosa central fabril paulista- habían convenido también ellos mantener reuniones periódicas (¿una por mes?) para ir avanzando en la resolución de las rispideces que tienen que ver con sectores puntuales: textiles, vino, arroz, electrodomésticos, calzado, indumentaria, etc. «Hay un clima excelente, de muy buena onda. Es verdad que los problemas son menos de 10% del intercambio comercial bilateral, pero también es cierto que para los afectados es 100% del problema, y debe ser resuelto», dijo a este diario una alta fuente de la UIA. «Queremos adaptar esos protocolos a la realidad de 2005; las medidas a adoptar tienen que ver con la complementariedad de las industrias, de la soja a la energía nuclear, de modo de poder competir juntos en terceros mercados», agregó
Lohlé. Para lograr este objetivo, dijo, «se prevé mantener reuniones cada quince días, con las dos cancillerías como protagonistas y el agregado de las carteras económicas y de industria de ambos países». Sin embargo, el embajador no descartó la aplicación de mecanismos emparentados con las salvaguardas, dentro de lo permitido por la OMC, para los casos en que no haya acuerdo. En tanto, en las jornadas de Mar del Plata -como suele suceder en esta clase de reuniones- hubo buenas y malas noticias. En algo que podría calificarse casi de cotilleo doméstico, se registró un hecho llamativo: los dirigentes de la Celeste y Blanca -la lista que gobernaba la UIA antes de la unidad- se fueron a comer al Golf Club Playa Grande, por invitación de Federico Nicholson ( Ledesma), vice de la UIA y presidente del club. No muy lejos de allí, en el puerto, casi un centenar de dirigentes y empresarios de la lista Industriales -orientada por el Grupo Techint- comieron mariscos en la cantina Viento en Popa. Y si bien el clima en el Costa Galana era de unidad y labor conjunta, lo cierto es que a la hora de «hacer sociales», cada tendencia interna eligió estar con la «propia tropa». ¿ Resabios de peleas pasadas, o sólo una falta de coordinación de agendas?
En lo negativo también debería incluirse la diatriba que le dedicó el ministro Roberto Lavagna al pedido de «empatar» los subsidios que da el brasileño BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Social) a los empresarios de su país en la forma de financiamiento de exportaciones. El ministro descartó -de manera muy poco cortés- la idea de recrear un banco de desarrollo (adujo que para eso ya estaban el BICE y los bancos oficiales) y también de otorgar ayudas oficiales a los sectores en problemas.
• Extrañeza
Tampoco fue satisfactoria la intervención del ministro Carlos Tomada, a pesar de su solidez teórica. Si bien la reunión apuntaba más a ser de reflexión que generadora de noticias, extrañó a muchos presentes que el titular de la cartera laboral no hiciera referencia alguna al conflicto creado por la legislación en materia de accidentes de trabajo, ART e indemnizaciones.
Fue llamativo también que Tomada postergara por 24 horas su viaje a la ciudad balnearia, y apareciera anunciando la convocatoria al Consejo del Salario pocas horas después de que Héctor Méndez, en su primera conferencia de prensa como presidente de la UIA, dijera claramente que en esa cuestión «lo mejor que puede hacer el gobierno hoy es no hacer nada». Obviamente no se trató de una respuesta oficial a las palabras del dirigente empresarial (se dice que Néstor Kirchner en persona ya había dado la orden de la convocatoria), pero la oportunidad del anuncio no dejó de sorprender a los concurrentes a la asamblea marplatense.
En el platillo de la balanza correspondiente a lo positivo, podría incluirse el viaje de Paulo Skaf, presidente de los industriales paulistas, quien dio señales de querer restablecer la incipiente «Coalición Empresaria», esbozada el año pasado en San Pablo en ocasión de su asunción como titular de la FIESP. Llamó la atención el virulento ataque de Skaf a China, cuya política comercial calificó de predadora, pirata, ilegal y desleal». Los términos, que apuntaban a lograr la solidaridad y la simpatía de la platea de 600 empresarios argentinos, consiguió que algunos se sobresaltaran por la dureza de los mismos.
Finalmente, está claro que la avalancha de pleitos gremiales -que muchos empresarios ven como recién iniciada, con perspectivas aún difíciles de avizorar en toda su dimensión- hizo que dejaran de lado las viejas querellas (aún no del todo saldadas, es cierto) que los separaron durante casi tres años, y se unieran bajo la bandera de la UIA.
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