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Este es, curiosamente, el primer tratado de libre comercio, cuyas negociaciones han sido iniciadas y concluidas por la administración del presidente George W. Bush.
Por el momento, el principal país de la región centroamericana, Costa Rica, queda, sin embargo, afuera del proyecto. Pero es previsible que pronto pueda incorporarse a él. Para ello deberán superarse las cuestiones comerciales que aún están abiertas. Esto es, las relativas a los sectores costarricenses del seguro y de las telecomunicaciones, que aún tienen restricciones respecto de la posibilidad de participación del capital extranjero en ellos. Se incorporarán al acuerdo de libre comercio, entonces, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua.
Las restricciones que, en cambio, corresponden a los productos del agro se eliminarán también, aunque con alguna mayor lentitud. En un período de veinte años, en este caso. Incluyendo en la liberación a productos muy sensibles, como la leche, y excluyendo solamente al azúcar y el maíz blanco, productos que, en cambio, quedarán sujetos a un régimen de cuotas.
Lo acordado respecto de los productos del agro no tiene, hasta ahora, precedente alguno en los acuerdos de libre comercio hasta ahora suscriptos por los Estados Unidos. Para tomar muy en cuenta como antecedente, ciertamente.
Las naciones centroamericanas han convenido asimismo en desregular progresivamente sus principales servicios y en sancionar, a corto plazo, normas modernas de protección de la propiedad industrial e intelectual. Esto ocurre mientras las complejas conversaciones comerciales multilaterales que tienen lugar en el seno de la llamada Rueda de Doha parecen haberse empantanado y no atinan a avanzar con un mínimo de dinamismo.
Los Estados Unidos, pese a ello, liderados por Robert Zoellick, siguen -queda visto-tratando de avanzar bilateralmente en dirección a liberar al máximo sus intercambios comerciales. Así, además de las negociaciones con los países de América Central, están también a punto de culminar otras -similares- que mantienen con Australia y Marruecos.
En el escenario doméstico, no obstante, está creciendo fuertemente la oposición al libre comercio por parte de los sindicatos y de algunos sectores industriales. Es altamente probable que, en un año electoral como el que viene, ésta sea una discusión en la que demócratas y republicanos se enfrenten con visiones diferentes. Los primeros, más proclives al proteccionismo, y los segundos, bastante más inclinados al libre comercio.
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