La llegada de Delta Airlines reavivó un viejo reclamo de Aerolíneas Argentinas: la empresa de bandera quiere que a sus pares estadounidenses se les trate en el país igual que como se trata a Aerolíneas en Estados Unidos. Sucede que desde hace dos años las rutas hacia ese país están «congeladas» para las líneas argentinas, en virtud de que la red aeroportuaria local está en «Categoría II»; esto faculta a la FAA (Federal Aviation Administration) no sólo a no autorizar nuevos destinos para Aerolíneas y -por caso- Southern Winds, sino que además no les permite ni siquiera volar con otros tipos de aviones que los que empleaba al momento del «congelamiento».
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Fuentes del Ministerio de Planificación admitieron que el viernes último ingresó una nota de Aerolíneas dirigida al titular de esa cartera, Julio De Vido, reclamando que el subsecretario de Transporte Aerocomercial, Ricardo Cirielli, asuma una posición más enérgica en la defensa de las compañías locales. En la nota se pediría que el gobierno recorte algunas de las frecuencias -serán cuatro semanales, en principio- que volará Delta entre Buenos Aires y Atlanta a partir del 1 de diciembre; sería casi un gesto simbólico, pero con la expectativa de que las autoridades de Estados Unidos tomen nota de lo sucedido.
Asimismo, la «Categoría II» que reciben las terminales aéreas argentinas no es atribuible al concesionario, Aeropuertos Argentina 2000, porque lo que se reclama desde Washington son mejoras en los controles de seguridad de los aeropuertos y la falta de control por radares del espacio aéreo argentino. Dos tareas que obviamente debe encarar el Estado nacional.
Por ahora, y hasta tanto la FAA no cambie de idea, Aerolíneas vuela a Miami y a Nueva York; en el primer caso con un Boeing 747-200 y en el segundo con un Airbus 340. La aspiración «histórica» de la empresa que capitanea Antonio Mata es reemplazar el 747 a Miami por dos frecuencias diarias operadas con un Airbus 310, y además recuperar la vieja ruta a Los Angeles. Hasta tanto esto suceda, el mercado europeo parece ser el lugar donde la línea de bandera se siente más a gusto: desde el 1 de noviembre reanudarán los vuelos a Zürich y a Münich, en ambos casos conectando en Madrid y continuando con un MD 88 propio o con vuelos de código compartido con Spanair.
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