25 de febrero 2008 - 00:00

Afectará a autos, a industria y a la generación de luz

La falta de gas boliviano, confirmada este fin de semana en la reunión entre Cristina de Kirchner, Lula da Silva y Evo Morales, pero totalmente previsible, acentuará la escasez del fluido para la industria, la producción de electricidad y los autos particulares durante el próximo invierno.

La magnitud del faltante y de los problemas que aparecerán dependerá del rigor del invierno. Con temperaturas como las del año pasado, las dificultades pueden convertirse en verdaderamente serias para la industria y sobre todo para la cantidad de electricidad disponible.

Si el gobierno de Cristina de Kirchner mantiene la misma política de su esposo, puede anticiparse que por más de dos meses, la industria no contará con gas, aun en el caso de la que tiene contrato no interrumpible, y que tampoco tendrá luz en las horas de consumo pico de los hogares.

La cuestión eléctrica se acentúa porque este año el deshielo en las represas del Comahue no fue suficiente: la mayor parte se perdió en el terreno debido a la sequía. Si, como algunos expertos anticipan, la temporada de lluvias entre abril y junio tampoco es favorable, habrá menos aportes que el invierno pasado de parte de esas represas hidroeléctricas.

Ya ahora, El Chocón está operando a cota mínima, porque se reserva agua en Alicurá y en Piedra del Aguila en primer lugar para atender la demanda de marzo, que también está sujeta a la temperatura (en este caso, el calor) en los grandes centros de consumo.

Si falta generación hidroeléctrica, las centrales térmicas tendrán que funcionar a full durante el invierno, y ya se tiene la experiencia de que con combustibles sustitutos del gas producen alrededor de 20% menos y tienen más posibilidades de falla. A esto se suma la delicada logística para que los buques con líquido importado lleguen a cada central todos los días.

Por otra parte, para atender la creciente demanda de electricidad, el gobierno cuenta también con que para julio ya estén funcionando parcialmente las nuevas centrales térmicas ubicadas en Campana y Timbúes. Si las obras se terminan, en la primera no habría problemas para que reciba gasoil, en vez de gas, porque está muy cerca del puerto.

No pasa lo mismo con la segunda, ubicada en Santa Fe, donde todavía falta construir un oleoducto para llevar el combustible líquido, porque sin ese conducto se necesitarán más de 60 camiones con gasoil para abastecer a la nueva planta. Esto, a su vez, acentuaría los problemas de logística que ya hay en el país para atender la demanda creciente de combustibles.

Dentro del gobierno hay quienes creen que hacia fines de marzo, Cristina Kirchner podría anunciar un programa energético para enfrentar el invierno, con ciertas variantes significativas en relación con el año pasado.

En primer lugar, se menciona un nuevo lanzamiento del plan de ahorro eléctrico, que realmente se traduzca en eliminación de luminarias decorativas, apagado de vidrieras comerciales a partir de las 20, y una campaña mejor que la de ahora, para que los consumidores eliminen sus lamparitas incandescentes, por las de bajo consumo. (En este punto, resulta paradójico pedirle gas a Brasil para solucionar la crisis eléctrica, cuando en ese país, desde la época de Fernando Cardoso, las lámparas de bajo consumo son las que más se utilizan, y los motores industriales se fueron adaptando para consumir menos luz, a fuerza de castigos verdaderamente severos).

La Presidente podría además tomar una medida osada a la que su esposo, adicto a los índices de popularidad y las repercusiones mediáticas, no se animó. Si durante los meses del invierno, se suspendiera el GNC a autos particulares y se subsidiara la nafta a los taxis, quedaría un excedente de 10 millones de metros cúbicos diarios de gas, más del doble de lo que entregó Bolivia el año pasado.

Con la misma firmeza con que Lula defendió el gas para la industria de San Pablo, Cristina de Kirchner también podría llevar desde ya a cero las exportaciones de gas a Chile, para que se reserve en yacimientos para el invierno, considerando que además de la falta de gas boliviano, la producción local sigue en leve pero inexorable descenso.

En enero, en total se exportaron al país trasandino 37,5 millones de metros cúbicos diarios, equivalentes a 1,2 millón diarios, muy poco comparado con lo contratado que supera los 27 millones de metros cúbicos diarios.

De hecho, aunque el gas no se corta nunca a los hogares, cuando las cañerías están medio vacías porque falta el producto, los domicilios cercanos a una estación de GNC, que absorbe mucha cantidad, reciben el fluido en forma débil, lo que se nota en la cocción de los alimentos y en la calefacción.

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