Cuando una buena cantidad de empresas huían del país en medio de la crisis, Alstom llegaba comprando talleres ferroviarios en desuso en las afueras de La Plata y prometiendo inversiones. Esto le ganó el corazón del presidente Néstor Kirchner y del ministro de Planificación, Julio De Vido. Su primer negocio fue hacer en esos talleres la refacción de vagones de subte para Metrovías, del grupo Roggio; después, importaron formaciones desde Brasil, también para la red de subterráneos. Pero esas instalaciones fueron el escenario de múltiples anuncios oficiales en boca del Presidente o su ministro.
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Su negocio más reciente fue el «Celeris», ese tranvía que va de ninguna parte a ningún lugar, pero que corre paralelo a los restoranes de Puerto Madero. Al gobierno le costó $ 40 millones la obra de infraestructura más u$s 10 millones por las dos formaciones que corren entre Independencia y Córdoba, y que importó Alstom.
Los franceses también acercaron a sus compatriotas de Société Générale, que mantuvieron una serie de reuniones en el Ministerio de Economía para proponer la financiación del TAVE a Rosario. También tendrían una cercana amistad con el francés que encabeza la lista de candidatos a director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn.
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