Objeto social: «Producción y venta de cemento». No es de lo mejor que podía verse de ello, en el último quinquenio, pero también queda muy lejos de lo que pretende dejar como imagen su línea final. Sabido que está en un rubro que depende directamente de la «construcción», al momento de ahondarse la crisis mundial ya lo capta dentro de su reseña del balance. Y evidencia la incertidumbre, por un mal que no se sabe hasta dónde impactará finalmente. En cambio, hasta los nueve meses tuvo una labor dentro de lo normal y facturando por $ 824 millones. Esto resultó una cifra muy superior a 2007, con $ 661 millones, si bien el factor de los «costos» también se mueve ágilmente y come márgenes. Como para que la utilidad bruta sea demasiado cercana los $ 206 millones de un año antes, con sus $ 237 millones actuales. Ergo, movimiento mayor del negocio que no pudo dejar un beneficio proporcional. Después los «gastos», más altos en sus dos versiones habituales. Y recargado en lo que inscribe Minetti como tercer renglón: la «distribución». De $ 80 millones antes, trepó a los $ 98 millones en estos nueve meses. Así, un total «operativo» de $ 65 millones, por debajo de los $ 74 millones de 2007. Igualmente, pudo retener $ 47 millones -antes de impuestos- que al deducir lo fiscal se redujo a $ 24 millones de utilidad neta. Muy cerca del total 2007, con $ 27 millones obtenidos en igual lapso. Después... lo que demolió al cuadro: por cuestiones de vieja data, multas aplicadas a las cementeras, que siguen en litigio y que obligó a tener que «previsionar» $ 72 millones, como carga extra. Los ratios básicos están en orden, todavía con «acumulados» a favor por unos $ 16 millones.
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La «obra pública» anunciada deberá ser la principal «huella» para eludir un valle de despachos. Más lejana, si es que la «previsión» no llega a utilizarse. No luce, pero no está deteriorada.
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