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17 de diciembre 2018 - 00:01

2019: el año del déficit primario nacional cero

Queda para los años siguientes la tarea de reducir el peso de los intereses de la deuda pública y así lograr el objetivo de tener cuentas públicas equilibradas.

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El año 2019 tiene una particularidad singular, ya que debe eliminarse el déficit primario a nivel nacional. Queda para los años siguientes la reducción del peso de los intereses de la deuda, buscando de esa manera reducir el déficit denominado fiscal.

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El déficit primario nacional esperado para el año próximo es de 3,24 puntos porcentuales (p.p.) del PIB. Si a este se le suma un déficit primario provincial posible de 0,87 puntos porcentuales del PIB, se tiene un desequilibrio consolidado nación-provincias del orden de 4,11 p.p. del PIB para 2019.

La eliminación del déficit primario surge de una combinación de mayores ingresos y menores egresos a los originalmente esperados.

El sendero del ajuste

Los cambios propuestos en los ingresos tributarios del consolidado rondarían los 2 p.p. del PIB (1,44 p.p. en el caso de Nación más 0,46 p.p. para las provincias), mientras que los otros ingresos consolidados subirían 0,4 p.p. del PIB. La categoría otros ingresos está compuesta por ingresos no tributarios de la Nación (0,4 p.p. del PIB). A su vez, se requieren otros cambios necesarios de alrededor 0,14p.p. del PIB para cerrar la brecha fiscal.

El gasto primario de la Nación caería 1,26 p.p. del PIB, lo que sumado a ingresos tributarios por 1,44 p.p., a no tributarios por 0,4 p.p. y el esfuerzo fiscal extra de 0,14p.p., permitiría la eliminación del déficit primario nacional.

De la caída del gasto nacional, 0,61 p.p. son gastos exclusivos de ese nivel de gobierno y los 0,65 p.p. restantes son gastos que afectan a las finanzas provinciales.

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Por lo tanto, el efecto del ajuste del gasto nacional sobre el gasto consolidado dependerá de qué posición tomen las provincias respecto, precisamente, de los 0,65 p.p. de reducción de gasto nacional que las afecta.

Si las provincias cubrieran todo el recorte del gasto nacional que las afecta, es decir, que aumentaran su propio gasto exactamente en 0,65 p.p. del PIB, el gasto consolidado nación-provincias bajaría solamente 0,61 p.p. del PIB, es decir que solamente bajaría el gasto que se denominó exclusivo de la Nación.

De esta manera, si bien la Nación lograría su equilibrio fiscal primario, las provincias incurrirían en un aumento del gasto tal (0,65 p.p. del PIB) que no sería posible cubrir con los ingresos extra obtenidos durante el año (0,46 p.p. del PIB). Por ende, el déficit inicial de las provincias aumentaría en 0,19 p.p. del PIB, situación que seguramente las mismas tratarían de evitar por medio de medidas que incrementaran sus ingresos.

Si este fuera el caso, el déficit consolidado solamente se reduciría en 3,05 p.p. del PIB y el ajuste se repartiría de la siguiente manera: 75% por aumento de los ingresos, 19% por baja del gasto público y el restante 6% involucraría un mayor déficit provincial a cubrirse con mayor carga tributaria provincial, menores gastos de otro tipo o mayor endeudamiento de este nivel (que es en definitiva carga tributaria futura).

El gran aporte que hacen los ingresos a la eliminación del déficit se traducirá en una presión tributaria que volverá a ser récord durante 2019. Entre Nación y provincias la presión tributaria efectiva alcanzaría un nivel equivalente al 33,2% del PIB, levemente superior al 33% del PIB que había alcanzado en 2015.

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