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17 de diciembre 2018 - 00:01

Debemos retornar a nuestra agenda para encarar desafíos actuales y futuros

Tras un año con un fuerte contraste en el nivel de actividad -un comienzo récord y un segundo semestre en baja-, el sector automotor espera en el 2019 redefinir su rumbo con una apuesta a llegar a nuevos mercados.

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El 2018 fue un año particular para la industria automotriz, ya que comenzó como un año con proyecciones récord, pero dio un giro importante que nos puso frente a un nuevo escenario en contracción con nuevos y diversos desafíos por sortear. Hoy, con las aguas más calmas, es momento de volver a retomar el camino que habíamos comenzado a transitar con una agenda propia orientada a desarrollar las herramientas necesarias para alcanzar niveles de producción, exportación y competitividad comparables a los principales actores de la región.

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La turbulencia por la que atravesó el mercado desde mayo pasado modificó completamente el escenario y generó incertidumbre en la actividad económica. Un hecho que incidió negativamente en el comportamiento del sector automotor impactando en los volúmenes de la actividad y las proyecciones que se manejaban internamente.

Actualmente, podemos decir que asistimos a un escenario de equilibrio gracias a la estabilidad cambiaria, el haber arribado a un acuerdo con el Fondo Monetario y la aprobación del Presupuesto 2019, entre otras medidas. Y con este cambio y de cara a los próximos 300 días, es imprescindible para nuestro sector volver a nuestro objetivo madre que se centra en la mejora continua de la competitividad, aumento de producción, empleo y acceso a nuevos mercados.

La industria automotriz argentina, integrada hoy por doce terminales automotrices, se caracteriza por planificar todas sus actividades a largo plazo y actualmente tiene en marcha inversiones en torno a los u$s5.000 millones y nuevos proyectos en carpeta. Es en este marco que, superada la etapa anteriormente mencionada, debemos retomar los temas de agenda interna.

Apelando al trabajo conjunto entre el sector público y la cadena de valor del sector, tenemos que retomar el tratamiento de los factores estructurales que afectan la competitividad de la producción en la Argentina, la cual continua con un importante gap versus otras fuentes de producción para abastecer los mercados por los que competimos. Es fundamental dado el fuerte perfil exportador que tiene nuestra industria y la significativa competencia regional y global.

En efecto, tenemos que seguir ampliando la búsqueda y mejora de acceso a nuevos mercados, clave impulsora para el crecimiento del sector. En este sentido, hemos avanzado en la posibilidad de mejorar nuestra presencia en diversos países de Centro América lo que puede redundar en aumentos de producción y volúmenes de exportación.

En paralelo al plan de avanzar en negociaciones con otros bloques como la Unión Europea o Norte de África, tenemos que fortalecer el lazo comercial con Brasil, principal socio comercial de nuestro país que inicia un nuevo ciclo político-económico desafiante. Es clave, en este sentido, avanzar en la armonización de normas técnicas, aduaneras y de comercio con el país vecino para reducir costos, simplificar procesos y mejorar la competitividad regional.

En el mismo orden, en los próximos meses también debemos encarar nuevas negociaciones con México, mercado que ha sido muy relevante para nuestras exportaciones e industria.

Este trabajo en el cual podemos volver a sumergirnos en un plan sustentable viene con un desafío aun mayor y es posicionarnos en el radar de los nuevos proyectos industriales. Para ello es indispensable, liderar la agenda sectorial con sus bases y lineamientos para la definición de la visión estratégica de largo plazo con horizonte al año 2030.

El desarrollo de las nuevas tecnológicas con vehículos mas conectados y eficientes, los nuevos paradigmas de la movilidad, y los cambios abruptos en materia de demanda avanzan a pasos agigantados. Posiblemente, esta revolución que se está gestando sea mayor a la vista en los últimos 100 años y eso nos obliga a plantearnos cuál será el camino que transitará nuestra industria en la Argentina. Son desafíos globales inevitables y debemos estar atentos para no perder nuestra presencia.

Esta propia dinámica disruptiva a nivel global, con impacto en la región, impone la necesidad de encarar una tarea de construcción del futuro. Tenemos que pensar y ofrecer nuevas formas y servicios de movilidad.

Dónde nos pararemos como industria, cuál será la matriz que se impondrá en los próximos años. Estos son algunos de los interrogantes que ya nos planteamos y hay que comenzar a resolverlos. Nuestras asociadas ya están trabajando para dar respuestas. Pero sin dudas, es necesario avanzar en conjunto con toda la cadena de valor, el Estado y los nuevos jugadores que se sumergen en esta industria, para poder continuar en el radar de las nuevas inversiones y asignaciones de proyectos.

Nuestro sector se enfrenta a un nuevo paradigma y más allá de las imposiciones y urgencias diarias, tenemos que focalizarnos en cuál será nuestro rol en un horizonte futuro.

La industria automotriz cuenta con una larga y fructífera historia en nuestro país. Es un jugador de gran peso y protagonismo en el desarrollo económico de la Argentina como segundo sector en materia de inversiones I+D, reportando el 35% de las exportaciones de las manufacturas de origen industrial (MOI), y 4,3% del PBI Industrial y nuestro compromiso es continuar reforzando ese papel en el mediano y largo plazo.

(*) Director ejecutivo de ADEFA.

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