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"Los nuevos líderes, miembros del partido peronista, dicen que saben a quién culpar: las reformas de libre mercado. Dicen que el capitalismo que respalda Estados Unidos supuestamente impuesto a los países en desarrollo en los años noventa ha fracasado. Pero no pudo haber fracasado en Argentina porque nunca fue probado realmente", afirma Eiras.
La analista asevera que "las cosas parecían mejores hace diez años, cuando asumió el presidente Carlos Menem", a quien le reconoce haberse alineado "con la filosofía de libre mercado de Estados Unidos" con un "un agresivo plan de liberalización económica".
"Estos pasos trajeron alto crecimiento económico y ayudaron a reducir el número de familias viviendo bajo la línea de la pobreza de 38 por ciento en 1989 a 13 por ciento en 1994. Pero estas reformas solas, buenas como fueron, nunca podrían haber creado el ambiente adecuado para que el capitalismo floreciera en Argentina", sentencia Eiras.
Lo que faltó, argumenta Eiras, fue reducir el costo de establecer y operar empresas en Argentina, para lo cual se debía flexibilizar al máximo el mercado laboral.
"El porcentaje de desempleo de 18 por ciento está profundamente enraizado en la rigidez de su mercado laboral. Todo lo que en Estados Unidos son beneficios negociables -vacaciones, cobertura de la salud, aguinaldos- es un mandato legal en Argentina", se queja Eiras.
"Además, todas las empresas, desde grandes corporaciones hasta los vendedores ambulantes que venden corbatas en las calles, enfrentan altos impuestos y regulaciones fuertes. Y al mantener altos los aranceles al comercio, Argentina está financiando unas pocas industrias locales ineficientes, que deben costear los consumidores", agrega.
El argumento de que regulaciones parecidas en el mercado laboral y que impuestos tan o más altos que los argentinos están vigentes en Francia, Suecia o Noruega, dice Eiras, no es válido, porque en estos países europeos rige algo que en Argentina no: los derechos sobre la propiedad.
"Para ser específicos, ninguno de estos países tiene problemas para proteger los derechos sobre la propiedad, y Argentina sí".
La analista cita el "Indice de la Libertad Económica 2002", que publican en conjunto la Fundación Heritage con "The Wall Street Journal": "No se puede confiar" en las cortes de justicia argentinas para proteger la propiedad privada, como sí se puede en Europa.
"Esto explica, por supuesto, que las personas que deciden dónde invertir su dinero, opten más fácilmente por Suecia, Noruega o Francia que por Argentina. Y sin embargo, ningún gobierno argentino desde la década del treinta, definido como capitalista o no, ha convertido los derechos a proteger la propiedad en un pilar de sus reformas", indica.
De los 161 países cubiertos en el "Indice de la Libertad Económica 2002", sólo 45 integran la lista de los que ofrecen "muy alta" o "alta" protección a los derechos sobre la propiedad, y 116 ofrecen poca protección.
"Así se entiende con facilidad", argumenta Eiras, que de acuerdo con el Banco Mundial, el 70 por ciento del mundo sea pobre.
Eiras cita a Chile y Polonia como ejemplos de cómo países del Tercer Mundo pueden lograr "éxito económico y mejoramiento de los estándares de vida, fortaleciendo el imperio de la ley", a través de las reformas realizadas en la década de los ochenta, que en el caso de Chile, tuvieron lugar durante la dictadura del general Augusto Pinochet.
"Abrir los mercados parcialmente en respuesta a una crisis o a la presión de Estados Unidos no quiere decir que se esté construyendo una sociedad capitalista. Y tales reformas parciales nunca traerán prosperidad. Esperemos que el próximo gobierno argentino comprenda esto, o la próxima ronda de renuncias es sólo una cuestión de tiempo", opina Eiras.
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