Atención, que se viene la deflación
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Más allá de lo maravilloso que puede resultar para los consumidores ver cómo mañana algo cuesta menos que hoy, mientras mantienen sus salarios intactos, es tan poco lo que se sabe de la palabra que comienza con D, y tan grande el temor que despierta entre los intermediarios y productores, que más vale tomarla en cuenta. Trasladada a los mercados financieros significa que las empresas pueden quedar atenazadas entre la retracción de la demanda y la caída futura del precio de sus productos y márgenes de ganancia. Dicho de manera más clara, que en un escenario deflacionario las empresas han de valer menos a futuro, en tanto que la opción más redituable son los títulos de renta fija, especialmente del Estado. Como panorama es peor que uno inflacionario, y desgraciadamente tenemos que admitir que muchos de los comportamientos que se están percibiendo en el mercado pueden ser explicados por el de inversores que han adoptado este escenario como el más probable (desplome del dólar y de las tasas a mínimos históricos, bajos volúmenes operados en Bolsa, comportamiento lateral de los precios de las acciones, elevados radios P/E, etc.). Es cierto que los últimos cinco días vieron al Dow ganando 0,86% (el viernes el promedio cayó 0,39%) para cerrar en 8.678,97 puntos, lo que no está mal para una semana cualquiera, y que seguimos a las puertas de un "bull market", pero por alguna razón los inversores se resisten a lanzarse de lleno a comprar acciones.




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