Automotrices, otra vez en la mira de Moreno
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El peso argentino vive su mejor cuatrimestre en décadas, pero la fiesta tiene fecha de vencimiento
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El origen primero de nuestro malestar económico
«Pensar que los precios deben mantenerse sin subas es ilusorio si se quiere que la industria siga trabajando. A nosotros nos vienen los proveedores de plástico, chapa o de cualquier otro rubro y nos dicen el aumento es tanto y ahí no hay control. Pero como tenemos que seguir fabricando, lo pagamos. Después no nos pueden pedir que no pensemos en aumentos del producto terminado», señaló a este diario el directivo de una automotriz.
Obviamente, no dejan de remarcar el «affaire INDEC». Si la consigna es mantener los precios por debajo de la inflación y este índice es cuestionado, la pérdida para la automotriz es mayor.
Desde el gobierno, se argumenta que con el boom de ventas que se vive actualmente las terminales pueden hacer un esfuerzo para no recalentar la economía. Además, se hace hincapié en que la mayor parte de la producción se exporta y eso significa ganancias en dólares que pueden compensar una pérdida de la rentabilidad interna.
Para completar este complejo tablero de costos versus rentabilidad, la discusión salarial con los gremios del sector es otro dolor de cabeza. El SMATA comenzó reclamando un incremento de 30% a las terminales que están negociando en este momento ( Renault, Iveco y Scania, mientras que las otras compañías tienen convenios aún vigentes), pero el acuerdo para todo 2007 y parte de 2008 se podríaalcanzar en una suba de aproximadamente 20%.
Aunque dentro de la interna gremial hay diferencias entre las distintas filiales, especialmente la seccional Córdoba y la de Buenos Aires. Sin embargo, la idea del titular del SMATA a nivel nacional, José
Rodríguez, es la de cerrar aumentos diferenciados en cuanto a porcentajes para que el salario básico en todas las terminales llegue a $ 2.500. Actualmente, en cada empresa hay un mínimo diferente que oscila entre $ 2.000 y $ 2.080.
Con este tema sin definición, caer en un nuevo control de precios hace temblar a las terminales locales que deberán justificar a sus casas matrices los pedidos de nuevas inversiones en un país que vuelve a cambiarle las reglas de juego.




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