28 de junio 2004 - 00:00

Avatares en Pekín

• El ascenso por las empinadas rampas de la Gran Muralla dejó ayer sin aire a la mayoría de los gobernadores. El primero en tirar la toalla fue el sanjuanino José Luis Gioja quien, después de los primeros quinientos metros, se sentó en una de las troneras laterales y dijo sonriendo: «Yo ya la vi». Otros quisieron no perderle el paso a Kirchner que, junto con Lavagna, encabezaba el pelotón. El santafesino Jorge Obeid buscó el atajo y en un puesto ubicado en el primer kilómetro de marcha se hizo hacer un diploma a su nombre que certifica que el visitante «caminó la totalidad de los kilómetros» de la fortaleza. «Y está firmado por la mismísima bisnieta del Gengis Kahn», se ufanaba ante sus colegas.

• El paseo dejó sedientos a los visitantes y mientras algunos volvían presurosos a la ciudad con escolta de motocicletas con sirena, los periodistas junto con el gobernador Felipe Solá y el vicenciller Jorge Taiana optaron por una gaseosa en un bar cercano. Alguien advirtió que kokako, en chino, quiere decir «ser feliz», un aporte inesperado a la difusión de la conocida gaseosa que fue uno de los primeros signos de la apertura al exterior y al capita-lismo de estado de Deng Xiao-ping en los '80. Taiana contó que una mujer a la que le preguntó si el pueblo quería más a Mao que a Deng o la inversa, le dio la siguiente respuesta: «Mao nos hizo libres, Deng nos hizo ricos».

• Los que no vienen por primera vez a Pekín la encuentran cambiada: hay muchos más autos y muchas menos bicicletas, además de centenares de edificios altos con un inconfundible estilo norteamericano apiñado junto a las viejos edificios cuadrados del período comunista. Un fotógrafo argentino que reside en este país contó que paga 200 dólares mensuales de alquiler por un departamento de dos ambientes en una vieja casa china sin reciclar, pero si ésta ya estuviera modernizada, la renta se duplicaría. En los condominios con seguridad privada, cocheras y piscina, el locatario llega a desembolsar 1.500 dólares mensuales, cinco veces los 2.500 yuanes que puede ganar el conserje de un hotel internacional.


• En el centro de la capital china, un combo de McDonald's cuesta casi lo mismo que en la capital argentina: 17,5 yuanes (2,8 dólares) por una hamburguesa completa con un vaso de gaseosa y papas fritas. Pero la ropa sport de marca internacional, fabricada en China por grandes compa-ñías norteamericanas o europeas, cuesta más en un shopping céntrico de Pekín que en las tiendas porteñas. La alternativa es buscar negocios en la periferia del primer círculo de la ciudad, como el Mercado de las Perlas, donde no se ha per-dido aún la costumbre del regateo. Lo curioso es que pese a tanta apertura capitalista, el rostro de un Mao joven figura en los billetes de todos los valores del yuan, igual de inamovible que en la puerta de la Ciudad Prohibida.

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