El primer día podía interpretarse como una «corrección de crecimiento» (bella expresión, inventada para reemplazar a la «depresión» en los mercados). Y así, el martes se abría 2005 con una caída superior a 2 por ciento. Pero la segunda rueda de la secuencia agregó ayer otro 2,34 por ciento y una baja sobre la otra implicó una rebaja de 5 por ciento y un Merval que aterrizó apenas por sobre la cornisa de los 1.300 puntos. ¿Qué pasó, no estábamos peleando para quebrar los 1.400 puntos?, dirá el que se distrajo en estos días. La realidad se dio vuelta completamente. De un mercado ofensivo, a estar todos tratando de defender los pisos, de una oferta que se mostraba complaciente, a una avanzada que no respetó límites y «enchufó» cantidades.
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Que nuevamente se produjo una expansión de volumen, con los precios en franca caída. Ayer, con unos 66 millones de pesos para acciones y mejorando la marca anterior de manera holgada: todo lo que abultó de más, por parte de la venta.
El índice llegó a ver quebrar el piso de 1.300, había tocado máximo de 1.336 y -finalmente- le hicieron precio en 1.305: porcentual de 2,4 por ciento. Dos meteoros saltaron claros a la vista. La suba de tasas de parte del viejo zorro -Greenspan-, que afectó en general. Y las declaraciones variadas -externas- que ponen en mucha duda el «éxito» del canje que se promociona adentro.
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