Barrios fantasmas en EE.UU. por la crisis
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En Cleveland, la
zona más
afectada por la
crisis hipotecaria,
la gente dejó sus
viviendas ante la
imposibilidad de
pagar sus
créditos. En
algunos casos
hasta los muebles
quedaron
abandonados en
los jardines. La
mayoría de las
propiedades está
a la venta.
Al tercer timbrazo, abre la puerta Sarah Evans, de 60 años, con la mirada entre asustadae interrogante. Dice ser una de las últimas habitantes de la calle. Está a punto de perder la casa de dos habitaciones en la que vive desde hace 30 años, ya que no puede pagar sus mensualidades.
De forma confusa, explica que quiso refinanciar su préstamo en 2003, pero no se dio cuenta de que el documento que firmaba preveía un fuerte aumento de la tasa de interés. En 2006 dejó de pagar las cuotas.
Tiene una deuda acumulada de facturas impagas que asciende a 24.000 dólares.
El organismo de préstamos acaba de iniciar un procedimiento de expulsión.
«Cuando alguien compra una casa es para morir en ella», afirma Evans. «¡Creía haber realizado mi 'sueño americano'! pero se transformó en una pesadilla», añade murmurando.
Dos casas más lejos le hacen eco los ladridos de los perros guardianes, instalados en jaulas por los bancos -nuevos propietarios-para mantener a distancia a los vagabundos.
Laura Johnston cuenta que su calle, la 76, a diez minutos en auto, todavía estaba animada hace dos años, pero que ahora más de la mitad de las casas se encuentran abandonadas.
«La gente ya no podía pagar. Lo que me da rabia es que no pude despedirme de mi amiga Helen, que huyó de noche para evitar la mirada de los otros», lamenta Laura.
Casos como los de Helen hay muchos. Aquí los llaman «los vecinos que desaparecen de noche».
Jim Rokakis, tesorero del condado, opina que los bancos, debido a su avaricia, son altamente responsables de este desastre humano.
«Todo lo que se precisaba eran las ganas de ser propietario, 'el sueño americano'», explica Rokakis. «El agente inmobiliariose sentaba tras la mesa, preguntaba a la gente cuánto ganaba. Eso era todo. Ni siquiera verificaban las declaraciones. Lo peor es que muchos eran desempleados», continúa.
Mount Pleasant «reunía los ingredientes de un tsunami inmobiliario perfecto: gentes pobres y deseosas de acceder a la propiedad», concluye desengañado Rokakis.




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