El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
"Hay un reconocimiento de que la gestión de la política macroeconómica ha mejorado sustancialmente, pero que ahora se deben concentrar los esfuerzos en las reformas de tipo microeconómico", explicó Santiago, que participó en la capital británica en la presentación de un informe del BID.
El estudio, titulado "Inversión directa europea en Latinoamérica: Percepciones de los inversores sobre los riesgos macroeconómicos, regulatorios e institucionales en Latinoamérica", fue elaborado a partir de entrevistas a empresas de España, Francia, Alemania, el Reino Unido e Italia con presencia en países sudamericanos.
El informe constata que, pese a los riesgos y obstáculos, "merece la pena invertir en Latinoamérica", añadió el representante del BID.
Para Santiago, Latinoamérica ha perdido parte de su atractivo como destino de inversiones europeas debido a la competencia de otros países emergentes, sobre todo del sudeste asiático.
"Esa competencia mucho más fuerte nos lleva a tomar cada vez más medidas para mejorar el clima de inversión", indicó.
Entre los riegos detectados por las empresas entrevistadas en el informe, destacan la ineficacia del sistema legal, la debilidad institucional, la inestabilidad política y la alta tasa de delitos.
Frente a algunas compañías europeas, que no han detectado "discriminación" en los países en los que se han implantado, otras, fundamentalmente las españolas, "son conscientes de la mala reputación que tienen algunos inversores extranjeros en los países latinoamericanos", según el informe.
Las entrevistas revelan que, en muchos casos, "las quejas de las empresas sobre obstáculos regulatorios e institucionales se refieren a países específicos, como Argentina y Venezuela, y no pueden ser extrapolados al resto de la región, donde la percepción de esos riesgos es menor".
Otro factor que mencionan las empresas como determinante para llevar a cabo su inversión es "el tamaño del mercado".
"Las compañías entrevistadas han mostrado también su interés por una mayor integración regional, que es estimada particularmente necesaria para economías de pequeño tamaño", según el informe.
En el terreno positivo, las empresas destacan los progresos hechos por la región en su proceso de liberalización del mercado, "lo que es recibido con entusiasmo por las compañías entrevistadas, sobre todo por las del sector manufacturero".
Asimismo, subrayan una mejora del entorno macroeconómico en los dos últimos años, una tasa de cambio menos volátil y unas variables macroeconómicas más estables, que dan, como resultado, unos índices de inflación más bajos.
Desde un punto de vista estructural, los inversores consideran que algunas debilidades inherentes a América Latina "socavan" la sostenibilidad del crecimiento y hacen que la región sea más "propensa" a la inestabilidad, lo que afecta a su atractivo inversor.
Entre esas debilidades, las empresas citan el tamaño reducido de la clase media, sus bajas tasas de ahorro público y privado y los limitados ingresos fiscales.
El informe recomienda a los países latinoamericanos que avancen hacia una mayor estabilidad macroeconómica, política y legal, que los mercados financieros establezcan mecanismos de garantías frente a los riesgos cambiarios y que las autoridades públicas sean más independientes de los grupos de presión locales.
El estudio constata que, tras unos años (98, 99 y 2000), en los que la inversión europea en Latinoamérica ascendió a una media anual de 28.760, 38.079 y 33.789 millones de dólares, respectivamente, a partir de 2002 esa cuantía cayó de forma considerable debido a las crisis sufridas por los países latinoamericanos.
Santiago consideró hoy que esas cifras se están recuperando, pero expresó sus dudas de que se vuelvan a alcanzar los niveles de los años noventa.
Dejá tu comentario