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12 de mayo 2015 - 16:01

Bonos verdes: en busca de u$s 100 mil M contra el cambio climático

Este año, las emisiones públicas y privadas podrían alcanzar esa cifra. Por qué, cómo y dónde invertir dinero en proyectos sustentables.

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Desarrollar las energías renovables, uno de los grandes objetivos de los bonos verdes.
Algo está pasando con los bonos verdes. Desde su inicios en 2007, cuando la emisión apenas superó los u$s 800 millones en el mundo, el crecimiento fue lento y desparejo, aunque constante, y recién en 2013 llegó a los u$s 10 mil millones. Pero el año pasado ensayó un salto y alcanzó los u$s 36.000 millones y los analistas del mercado afirman que en 2015 la cifra podría duplicarse o incluso triplicarse, lo que haría rozar a los green bonds los u$s 100.000 millones.

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Como instrumento financiero funciona como cualquiera de los bonos clásicos, pero la gran diferencia viene después. Esto es: otorga un rendimiento o cupón con un interés a determinado plazo, aunque con la exigencia ineludible de que los recursos deben destinarse a productos y acciones orientados a la sustentabilidad para colaborar con el objetivo final, la lucha contra el cambio climático.

Se estima que durante las próximas cuatro décadas el mundo necesitará de u$s 1.000 millones al año para poder desarrollarse con bajos niveles de emisiones, y los países en desarrollo entre u$s 75.000 y 100.000 millones, para adaptarse al anunciado aumento de 2°C en la temperatura global.

En este contexto, el financiamiento internacional había intentado dar una respuesta con los llamados bonos de carbono. Con un funcionamiento diferente al de los green bonds, permitían que una empresa de un país en desarrollo que disminuía sus emisiones de CO2 vendiera esa reducción a firmas de países desarrollados, que la certificaban como propia. El intercambio supondría tanto beneficios económicos como ambientales, pero, con los años, el entusiasmo y el prestigio de los CERs decayeron.

Una nueva era

La nueva era de bonos verdes tuvo al Banco Mundial como uno de los pioneros y principales emisores, tanto con préstamos al sector público como al privado, a través del IFC (International Finance Corporation).

En diálogo con ámbito.com la Sustainability Advisor del BM, Laura Tlaiye, recuerda que los bonos "se iniciaron en bancos multilaterales para atacar las consecuencias del cambio climático, pero se han expandido a muchos temas de sustentabilidad. Es el emisor el qué decide cuánto va a abarcar, declara para que usará los recursos y define criterios de las inversiones verdes que va a apoyar, luego vendrá una verificación posterior de que los recursos del bono sean destinados a esos proyectos".

El destino del dinero tiene, entre otras posibilidades, a las energías renovables, la eficiencia energética, la gestión de los residuos, el uso sustentable del suelo (como forestación y agricultura), la conservación de la biodiversidad, transporte menos contaminante o proyectos para conservar el agua potable.

Pero, antes que nada, la idea debe germinar. El proceso de gestación, crecimiento y vida de un green bond está sometido a distintos controles. "El mercado está haciendo dos etapas: definir criterio de legitimidad y someterlo a una revisión de una tercera parte, un verificador externo. En nuestro caso usamos a un centro de investigaciones de Oslo, porque los primeros inversionistas estaban en Suecia y Noruega, países que estaban más avanzados y preocupados sobre cómo podían direccionar las inversiones en beneficio del clima", relata Tlaiye.

"Con ellos se determinó que era útil una verificación junto a un análisis técnico de los proyectos y sus procedimientos internos. Se observa la manera en que los emisores administran sus recursos, la trayectoria, las políticas e implementaciones", añade.

Luego, se emite una opinión -aunque no reviste el status de las notas de las calificadoras- que consideran si se trata de una apuesta sólida para los inversionistas. En la actualidad comenzó a implementarse una etapa final en la secuencia de verificaciones, en la que el emisor se somete a una auditoría que determina cómo se implementaron los recursos.

La señal verde

Mantener la reputación de los bonos es vital, tanto para los emisores como para los que los adquieren, que saben que representan una señal importante de compromiso con el medio ambiente, el ansiado pase para formar parte del selecto grupo de los inversores socialmente responsables.

"Obviamente las empresas y emisores tienen una orientación bastante fuerte hacia los temas de sustentabilidad en su plan estratégico de negocios. Es difícil que una empresa que tenga muchos problemas en ese área se ponga a lanzar un bono verde en serio", agrega.

Por lo pronto ya lo hicieron gigantes como Bank of America y la energética francesa Suez. Las gobernaciones de Massachusetts , California y Nueva York (EEUU), Gotenburgo (Suecia), Ontario (Canadá) y la sudafricana Johannesburgo.

Unilever emitió un green bond que, según la compañía, representa "otro paso en la intención de demostrar a la comunidad financiera que la sustentabilidad es un factor central en el modelo de negocios de la empresa". Los fondos serán destinados a nuevas sucursales que reducirán el porcentaje de residuos y emisiones de gases de efecto invernadero y serán más eficientes en el consumo del agua.

Toyota lanzó otro para financiar la compra de vehículos eléctricos que fue absorbido, según informó la automotriz japonesa, por inversores cuyas carteras estaban conformadas "en gran medida por activos de fondos socialmente responsables".

La estatal Electrecité de France lanzó el suyo para nutrir sus fondos destinados a energías renovables, como la eólica o la solar.

Los inversiones verdes son atraídos por el valor "social" de la operación. "Un bono verde ligado a un índice ético de empresas europeas nos permitió llegar a inversores en Hong Kong y Singapur que no habían comprado bonos del Banco Mundial en el pasado, y creemos que el elemento `verde` contribuyó a llamar su atención", afirma Tlaiye.

Por eso también los bancos intermediarios o colocadores -como Goldman Sachs o JP Morgan- impulsaron una Guía de Principios que establece un protocolo consensuado de emisión de los bonos, al que se unieron inversionistas y emisores. La misma se actualiza periódicamente -la más reciente, disponible en Internet data del mes de marzo- y constituye una guía voluntaria que intenta orientar a la industria a ciertos principios de comportamiento y de condiciones. Brinda, por ejemplo, pautas para seleccionar los proyectos, y sugerencias sobre transparencia manejo de los recursos y entrega de informes.

Las recomendaciones constan de cuatro pasos esenciales: Definir qué es verde, Elegir los proyectos, Discriminar los recursos del bono verde para asegurarse de que los flujos de dinero van hacia allí e Informar al inversionista de los resultados.

Apuntes para inversores


"Los bonos verdes se distribuyen a través de bancos de inversión o brokers. El emisor contrata un banco que se ocupa de la colocación inicial del bono, se fija una tasa de corte que genera un precio determinado. Luego de la colocación entra a operarse en el mercado secundario, donde la ley de oferta y demanda empiezan a alterar el precio", explica Luis Martín, broker de un banco de inversión que trabaja principalmente en mercados extranjeros.

Pocos conocidos aún en nuestra región, al tratarse de un segmento nuevo puede suceder que no todas las firmas los tengan disponibles. Después, claro, las ventas al inversor directo están sujetas a regulaciones en la mayoría de las jurisdicciones.

"Un inversor domestico argentino, por ejemplo, no tiene acceso directo a este mercado de bonos en particular, ya que todos operan afuera y por controles de cambio los bancos domésticos no operan en moneda extranjera en el exterior", añade en diálogo con este medio.

Por lo tanto para acceder a este mercado hay que tener una cuenta en un banco de inversiones en el exterior, donde el interesado puede llamar a su oficial de cuentas, pedirle cotización de estos bonos y comprarlos si le resultan atractivos.

"La operatoria es mayormente OTC (over the counter, es decir, tras un acuerdo entre partes), de esta manera los brokers se ponen en contacto entre sí y cada uno le pone el precio, si dan el OK la operación se concreta y se liquida a las 72 horas", concluye.

Un operador de una casa de inversiones local recomienda "tener un broker o un banco privado acá y otro afuera. Después, la plata se puede ingresar vía ´contado con liqui´ o ´dólar cable´". Otra alternativa es "un fondo negociable -ETF- que contemple entre sus activos algunos de estos bonos".

El mercado original estaba orientado principalmente a inversores institucionales que no estaban muy dispuestos a asumir riesgos de proyectos o riegos de países individuales. Por ello, los bonos verdes iniciales fueron calificados AAA, de bajo rendimiento pero muy confiables, destinados a compañías de seguros, fondos de pensiones, tesorerías de bancos, instituciones con requisitos muy rígidos y bien definidos de dónde invertir.

"Pero el último año - aclara la especialista del BM- se empezaron a ver bonos corporativos, de agencias estatales y ciudades, donde el riesgo es mayor, desde AA hasta menor a BBB: mayor riesgo pero más retorno. Así se empiezan a ver diferentes inversores que comprenden y pueden asumir más riesgo".

"Y también, bonos donde el emisor separa legalmente el riesgo específico: crea un flujo de recursos para un proyecto y ese proyecto es el que emite el bono. El inversor que lo compra se dispone a un riesgo mayor, porque está ligado directamente al flujo de caja que tendrá ese proyecto", amplía.

A modo de ejemplo, el green bond emitido por Unilever por un monto de 250 millones de libras esterlinas, a 2018, ofrece un cupón con 2% de interés. Fue calificado por Moody´s como A1, y por S&P y Fitch como A+. Cotiza para la compra a £102,8240, lo que ofrece un rendimiento de 1,1940%.

El del International Bank for Reconstruction and Development, por 250 millones de dólares, es a 2016 y con un cupón de 0,65%. Cotiza en u$s 100,187, con un rendimiento de 0,5120%. Moody´s y Fitch le otorgaron categoría AAA.

El de la Electricite de France, por 1.400 millones, fue uno de los primeros bonos de este tipo emitidos por una gran compañía en euros. Con cupón de 2,25%, a 2021, cotiza en niveles de 108,1060 (rendimiento de 0,8490%). En este caso obtuvo la calificación A1 de Moody´s y el A+ de S&P y Fitch.

El año de los emergentes

Tlaiye vaticina que en 2015 "habrá más participación privada, un sector que a partir de 2013 y 2014 está creciendo de forma significativa. Sobre todo empresas de energía, desarrollo de bienes raíces -en edificios eficientes y con menor huella ecológica- y empresas de manufacturas diversificadas".

Mientras, los analistas estiman que las emisiones de green bonds podrían este año duplicar o triplicar el monto del anterior, lo que, en el mejor de los casos, se acercaría a los u$s 100 mil millones.

Hablamos, por ahora, de las grandes ligas, pero el BM adelanta que "si bien los mercados emergentes recién están empezando, seguro van a lanzarse este año. India concretó dos emisiones recientes sobre bonos de energías renovables, en China se están preparando varios bancos, en Brasil y México lo están evaluando". Como puntapié inicial, en agosto del año pasado, el IFC emitió un bono verde por unos u$s 15 millones en soles peruanos, que fue adquirido por la principal empresa de seguros de ese país.

"Por ahora no tengo noticias de una emisión próxima en Argentina", informa Tlaiye. Aunque, claro, cuando el momento llegue no será para cualquiera. "Un bono es un instrumento bastante sofisticado para recaudar fondos, muchas empresas no incursionan porque tienen que hacer registros en la Comisión de Valores y abrir sus libros. Aunque no debiera presentar problema para una empresa con verificaciones y que ya está jugando en esa cancha", concluye.

Si el desarrollo de los green bonds se consolida aportará un empuje vital en el enfoque hacia formas de financiamiento sustentables, allí donde las contribuciones monetarias directas no lograron aún cubrir las expectativas.

En ese sentido, el último llamado de atención lo dio, hace sólo unos días, el Fondo Verde para el Clima. Ideado como un foco de atracción de financiación climática para países en desarrollo, sus cuentas languidecen entre promesas incumplidas: a abril de este año sólo recibió u$s 4.000 millones, menos de la mitad de las contribuciones anunciadas por las potencias.

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