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No sólo se produjo una retracción de la oferta de divisas por parte de los exportadores. También se registró un aumento de la demanda, tal como lo refleja la caída en la cantidad de pesos en poder del público, sobre todo desde mediados de enero.
El 31 de diciembre de 2002, el circulante llegaba hasta $ 18.802 millones, tras un crecimiento cercano de $ 2.800 millones sólo en diciembre. La compra de dólares por parte del Central y la estacionalidad propia de las vacaciones provocó un fuerte aumento de la demanda de dinero.
Pero superado parcialmente el «efecto verano», comenzó a retroceder el circulante. El destino de estos pesos fue la concreción de nuevos plazos fijos en bancos, pero también la compra de dólares.
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