El campo se juega la representatividad del sector posanuncios

Economía

El Consejo Agroindustrial busca, de la mano del diálogo, establecer una ley marco para no sólo crecer en exportaciones sino también mejorar la rentabilidad del productor. En tanto la Mesa de Enlace agiganta la grieta puertas adentro y afuera del agro.

Los anuncios del Gobierno respecto de una rebaja temporal de las retenciones a la soja abrieron una grieta en el sector que se venía madurando desde hace meses. La Mesa de Enlace salió directamente a apuntarle a la industria aceitera como única beneficiada, a través de la reimplementación del diferencial para harinas y aceites, en detrimento de los productores.

En este marco, por estas horas, CRA, Coninagro y la Federación Agraria, evalúan dar un portazo del Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) y quedar incluso afuera del diálogo planteado por el Gabinete económico para avanzar en medidas concretas que favorecerían al sector primario. Mientras tanto la Sociedad Rural, con su propia interna caliente, se autoexcluyó mucho antes de esta coalición que nuclea a más de 50 cámaras empresarias del campo. Un contrasentido que puede impactar en la verdadera representatividad del sector.

La Mesa de Enlace nació al calor de las protestas por las retenciones móviles impuestas por el ministro de Economía Martín Lousteau durante el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. La famosa Resolución 125 en 2008 unió por primera vez a las muy diversas entidades productivas del campo. Con el correr de los años esa fuerza fue perdiendo su caudal de representatividad del sentir de los productores, incluso surgieron los denominados “autoconvocados” que se muestran lejos los pareceres de CRA, SRA, FAA y Coninagro.

Quizás el punto cúlmine llegó durante el mandato de Mauricio Macri, cuando el expresidente anunció el restablecimiento de las retenciones a las actividades agrícolas e industriales con el objetivo de eliminar el déficit fiscal primario en 2019 y llegar así a un equilibrio en las cuentas públicas. En aquel momento las críticas por parte de los integrantes de la Mesa de Enlace fueron al menos tibias e incluso hubo algunas justificaciones para calmar los ánimos de los productores agropecuarios que alentaban la necesidad de protestas concretas.

La entidad que tomó la delantera fue la Sociedad Rural, con su expresidente Luis Miguel Etchevehere como ministro de Agroindustria en aquel momento. Tanto es así que a poco de conocerse la medida emitieron un comunicado en el que detallaron: “Nos hacemos eco del mensaje del Presidente que nos convoca a todos los argentinos a trabajar juntos para sacar al país definitivamente de la crisis y terminar con la corrupción. El campo continuará una vez más, colaborando con toda iniciativa que apunte a proyectar a nuestra Nación definitivamente en el sendero del desarrollo”. Es decir, apoyaban la vuelta de las retenciones.

Más acá en el tiempo, la semana pasada, la Mesa de Enlace optó directamente por no asistir a la conferencia de prensa convocada por el Gobierno para anunciar la baja temporal de retenciones a la soja y planes exportadores para economías regionales que significaron incrementos en los reintegros. Además, Guzmán detalló que el próximo 14 de octubre se reuniría con los representantes del CAA para comenzar a delinear medidas consensuadas en pos del sector productivo y una Ley marco que se trataría en el Congreso con el aval del bloque oficialista.

En este contexto, el CAA, con o sin la Mesa de Enlace, se pone como objetivo en el corto plazo “mejorar los ingresos de los productores para que siembren más, compren mejor tecnología y maquinaria, y logremos tener un mayor flujo de granos para exportar”, según las declaraciones de Gustavo Idígoras, de CIARA- CEC y uno de los impulsores del Consejo Agroindustrial.

En definitiva, el CAA buscaría de alguna manera convencer, acerca de su propósito, al sector productivo con una Ley marco de fomento que quiere consensuar con el Gobierno. A partir de ahí, la representatividad llegaría asociada a la acción y lejos de la crítica. Un hecho totalmente disruptivo, que dejaría en segundo plano ciertos roles anacrónicos del campo argentino.

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