11 de diciembre 2007 - 00:00

Chávez, crítico de libros ante pymes

Carlos Hellery HugoChávez. Elhombre delCredicoopelogió elBanco delSur. Elbolivarianohabló 95minutos ypasó de launidadsudamericanaa recomendarun libro comoregalonavideño.
Carlos Heller y Hugo Chávez. El hombre del Credicoop elogió el Banco del Sur. El bolivariano habló 95 minutos y pasó de la unidad sudamericana a recomendar un libro como regalo navideño.
Hugo Chávez llamó a «fortalecer y consolidar el ensanchamiento de un camino que podríamos llamar el eje Caracas-Buenos Aires. Es un eje muy potente, tiene más potencia que la fuerza que ya hemos logrado construir. Su potencial es gigantesco para construir la columna vertebral de la Unión Sudamericana».

Habló desde las 11:00 a las 12:35; a pesar de que buena parte de los presentes seguramente no lee la Biblia de manera habitual, los 600 empresarios (la mayoría pymes) convocados para escuchar a Chávez debieron apelar a la paciencia de Job para soportar los 95 minutos del discurso del bolivariano.

Durante ese lapso -breve, para los parámetros del presidente venezolano- Chávez mencionó un «camino Caracas-Buenos Aires», elogió al matrimonio Kirchner, celebró la creación del Banco del Sur y hasta tuvo tiempo para recomendar un libro del economista Joseph Stiglitz -conocido enemigo de su enemigo George W. Bush- como buen regalo para las navidades.

  • Todo bien

  • Fue ayer por la mañana, en el Sheraton de Retiro, donde la Cámara de Comercio Argentino-Venezolana (CCAV) convocó a empresarios que tienen negocios con Venezuela para agasajar a su presidente. El evento sirvió para confirmar que, si alguna vez estuvieron peleados, entre Chávez y Techint ya «está todo bien»: el anfitrión, como presidente de la CCAV, fue Alfredo Indaco, un hombre de Siderar, y además estuvieron Luis Betnaza (mano derecha de Paolo Rocca), Daniel Novegil (CEO de Ternium) y Martín Berardi (CEO de Ternium Siderar), más varios funcionarios de segunda línea del grupo. Sólo faltaba Rocca.

    También se acomodaron en las primeras filas Carlos Heller (Banco Credicoop), Adrián Kaufmann Brea (Arcor), Enrique Menotti Pescarmona (IMPSA), Betina Llapur (Gas Natural BAN), Enrique Matilla ( Cámara de Exportadores), Diego Santisteban (Cámara de Importadores), Juan Fracchia (Inflex Argentoil, que exporta tubos de GNC) y una multitud de empresarios que forman parte de la «cadena de valor» de Techint.

    Es el caso de Pablo Gaviglio, presidente de Action Lift, que participa del programa Propymes prohijado por el grupo de los Rocca; fue el segundo orador de la mañana, luego de que Heller abriera el acto calificando como «un hecho de enorme trascendencia para la unión sudamericana de las naciones» la creación del Banco del Sur. Agregó que esa entidad nace «para combatir las asimetrías que impiden un crecimiento más armónico de la región; estamos construyendo un modo de relacionarnos distinto y somos optimistas».

  • Centro de escena

    Lo aplaudieron Eduardo Buzzi (Federación Agraria Argentina), la embajadora Alicia Castro, su par venezolano Arévalo Méndez Romero y el subsecretario de Integración Económica del Mercosur Eduardo Sigal. Y fue entonces que Chávez tomó el centro de la escena, para despacharse con una de sus parrafadas en las que hace gala de un inhabitual poder de dispersión temática.

    Así, no resultó sencillo recordar cómo llegó a recomendar «El Malestar en la Globalización» de Stiglitz (no sólo eso: tenía el libro a mano y hasta leyó un párrafo) luego de alegrarse porque «con la asunción de Cristina dejamos consolidado el camino desde Caracas hasta Buenos Aires, el camino desde el Orinoco al Río de La Plata». No explicó si se refería a que el frustado y faraónico proyecto del gasoducto había sido reemplazado por una autopista transcontinental. Después, afirmó que «estamos en una ocasión muy propicia para los empresarios argentinos y venezolanos, que tienen mucho que aportar para el fortalecimiento, la consolidación, el ensanchamiento de ese camino que podríamos llamar el eje Caracas-Buenos Aires».

    A esa altura, varios de los presentes comenzaban a mirar con inquietud el reloj; no fuera cosa de que el bolivariano se extendiera más allá de las dos horas de charla y atentara contra la presencia de varios de ellos a los actos de asunción de Cristina de Kirchner. No hizo falta hacerle señas a Chávez de que redondeara: cerró con una invocación a la unidad sudamericana, y le dejó paso a la locutora (mujer y venezolana, a tono con la jornada) que despidió a los presentes.
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