Pekín (EFE) - La vivienda en la capital de China, donde los departamentos eran un beneficio social ofrecido por las empresas comunistas hace apenas tres décadas, están alcanzando precios astronómicos ante la proximidad de los Juegos Olímpicos de agosto.
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Si la compra de un departamento se está convirtiendo en una pesadilla para el chino medio, los visitantes olímpicos tendrán que ir haciendo ahorros para alojamientos de entre 6.255 y 118.140 dólares por un alquiler mensual con estándares occidentales.
En los últimos dos años los precios de venta de vivienda en Pekín y en el resto de grandes ciudades en un país considerado en vías de desarrollo han aumentado a un ritmo mensual de 10% hasta igualarse con los londinenses o neoyorquinos.
Un departamento de 70 metros cuadrados a 20 kilómetros del centro de Pekín costaba 68.500 dólares en 2006, un precio que se duplicó el año pasado hasta 137.000 dólares al calor de la efervescencia inmobiliaria preolímpica.
La zona residencial más cara de Pekín se encuentra frente al Centro Nacional de Natación, conocido como «el Cubo de Agua», con precios de 7.572 dólares por metro cuadrado, asequibles para bolsillos como los del magnate informático americano Bill Gates.
Otro lujo asiático que, de estar condenado a la demolición ha pasado a convertirse en codiciada inversión, son los tradicionales «siheyuan», conjuntos de cuatro viviendas con patio interior que datan del período imperial en la zona cercana a la Ciudad Prohibida.
«Un 'siheyuan' tiene un precio de 5.500 dólares por metro cuadrado», declaró Ma Zhongxiang, consultor de la cadena de inmobiliarias Century 21.
Dos habitaciones
El metro cuadrado de un departamento medio de dos habitaciones en el centro de Pekín con estándares locales ( semiacabado) y una calidad media o baja supera este año los 2.500 dólares.
Unos precios de venta desorbitados si se comparan con la renta per cápita de los residentes urbanos en 2006, que se situó en 1.600 dólares anuales (en las zonas rurales es de apenas 400).
En cuanto a alquileres, en los últimos meses y a medida que iban expirando los contratos anuales, habituales en la capital, Pekín ha sido un trasiego de mudanzas de inquilinos ante los prohibitivos precios que imponen los propietarios para este año.
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