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La asamblea concluyó con una nota de optimismo -la economía mundial apunta incipientes señales de recuperación-y otra de alerta: es necesario fomentar el diálogo entre países en desarrollo e industrializados, en especial tras el fracaso de las conversaciones de Cancún (México) sobre comercio.
En ese sentido, el director general del FMI, Horst Köhler, advirtió que las naciones en desarrollo no podrán lograr el crecimiento necesario y seguirán «teniendo el terreno abonado para el terrorismo y problemas similares».
Mientras el FMI aprobaba el acuerdo, en el Centro de Convenciones se reunían los ministros de Finanzas del Grupo de los Siete (G-7) países más desarrollados -con la única excepción del francés Francis Mer-para pedir más flexibilidad en el cambio de las divisas asiáticas, una iniciativa que revolucionó los mercados.
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