El gobierno recurrió a la misma salida de siempre para enfrentar una crisis energética que amenaza con escaparse de las manos oficiales. Nuevamente, y como sucedía con Néstor Kirchner cada vez que aparece un problema económico cuya solución se desconoce, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, fue llamado, ahora por Cristina de Kirchner, para que encuentre la forma que haya luz en los hogares y se terminen los cortes.
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Así, el versátil y poco ortodoxo funcionario empezó ayer inmediatamente con su nueva tarea, la que ejercerá sin renunciar a las otras que el matrimonio presidencial le fue otorgando. Por la tarde se comunicó con grandes empresas del sector industrial (el eje de todos los males energéticos, según la versión de ayer de la Presidente) y los comprometió para inminentes reuniones en su despacho, donde desplegará todo su arsenal de argumentos macroeconómicos para lograr que éstas inviertan todo lo que no hicieron, siempre según los ojos del gobierno, en los últimos tiempos.
Luego de las distribuidoras, será el turno de las generadoras y todas las que en algún punto tengan que ver con la llegada de luz a los hogares.
Moreno, obediente y útil según los parámetros del binomio Kirchner, aplicará seguramente las estrategias que ya viene utilizando para solucionar otros problemas encargados por la actual presidente y su antecesor. Por ejemplo, Néstor Kirchner le encargó en 2005 bajar los precios. En un primer momento impulsó los fallidos acuerdos, los que más allá de no haber logrado mayores resultados, popularizaron la imagen de «apretador escatológico» del funcionario. Cuando los acuerdos de precios demostraron que no eran la salida, Moreno fue directamente a las fuentes e intervino desde enero de 2007 el INDEC, logrando luego una inflación de sólo 8,5%.
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