Economía

Tigani: "Hay que encarar en forma inmediata  un acuerdo 'sui generis' con Japón"

Para economista Pablo Tigani un acuerdo con Japón podría ser "la última oportunidad de intentar algo grande, sin dolor".

El economista Pablo Tigani propone como salida a la actual crisis que enfrenta el país un acuerdo con Japón para obtener know how comercial exportador, capitales, mercados y tecnología. “Para mantener la solvencia fiscal intertemporal, la carta decisiva es una alianza estratégica para exportar inconmensurablemente, que garantice la renegociación de la deuda pública”, asegura.

“Un acuerdo con Japón podría ser la última oportunidad de intentar algo grande, sin dolor”, define este Máster en Política Económica Internacional y Profesor en universidades del exterior. En esa línea sostiene que se podría hacer sin invertir capital: “Japón solo garantizaría un bono “AAA” por u$s100.000 mil millones, garantizados con exportaciones argentinas”, completa.

A continuación la entrevista completa:

Periodista: ¿Qué se puede esperar en un contexto de guerra comercial entre EEUU y China?

Pablo Tigani: Frente a la guerra comercial entre China y EEUU acecha una mudanza alborotadora para la economía global, y se están estableciendo circunstancias extraordinarias para la Argentina. Los países deben buscar centros de producción alternativos, pero por ahora no se escuchan propuestas. Desde 1975 experimentamos 12 recesiones y 11 recuperaciones, entonces poseíamos el 75% del PBI per cápita de los países ricos, hoy nos deslizamos hasta 32%. Llevamos 44 años escuchando el debate entre monetaristas y keynesianos. Un ambiente vacilante de ideólogos binarios, originaron grandes oscilaciones impidiendo que la Argentina tuviera un rumbo. Las razones esgrimidas son que gastamos más de lo que tenemos o, que debemos seguir aplicando estímulos aun luego de crecer 70%. Ambos con el irreal imaginario de vivir en la Eurozona o EEUU.

P.: ¿Qué se debe hacer ante este escenario?

P.T.: Estamos en el momento adecuado para intentar una reingeniería que socave la normatividad de la oposición ideológica binaria. Tenemos que deconstruir, des-ontologizar estas imposiciones frecuentes. El desafío es alto. Vivimos en medio de una era que privilegia el “aquí y ahora”. Yo mismo no quiero esperar más. Las proposiciones de largo plazo son anacrónicas e inconsistentes con los seres humanos de hoy día. Propongo que por una vez analicemos una propuesta disruptiva, un anti-inmovilismo conservador.

P.: ¿Cómo define a ese anti-inmovilismo conservador?

P.T.: Podemos dar lugar a la excepcional capacidad de recuperación que tiene nuestro país. Estamos asistiendo a una inmejorable circunstancia que da margen a una estrategia creativa e innovadora. La constitución de una alianza original e inédita, el diseño de un nuevo perfil de sesgo comercial y solución financiera, que presenta una clara y extrema oscilación de los “negocios país”. En definitiva, una alianza de comercio exterior con un país experto, rico y, absolutamente complementario.

P.: ¿Cómo se logra un acuerdo de ese tipo?

P.T.: El exceso de enfoque financiero, paradójicamente nos ha dejado sin capitales. Nos hemos quedado sin el financiamiento indispensable para reactivar las inversiones que pueden incorporar rápidamente recursos humanos al mundo de la producción y el trabajo. Las inversiones llegarían esta vez. Los inversores productivos acechan donde perciben potencial de actividad y crecimiento. Si un país aparece como un garito, no llegarán. Esto es concluyente y, ninguna otra forma que no sea crecimiento verosímil, establece confianza para invertir.

P.: ¿Cómo debería actuar entonces el país?

P.T.: La generación de un flujo puro y marginal para considerar la reprogramación de la deuda, solo es posible a partir de un "boom de exportaciones". Esto fue mencionado en forma retórica por el presidente Macri, en su visita a Japón: “La Argentina es un país que produce alimentos de calidad para 400 millones de personas y aspiramos a llegar en 2025, a 600 millones”. Aspirar no es saber cómo hacerlo. La pregunta es si ¿alguien quiere saber cómo? Inicialmente aprovechando la infraestructura ociosa, como base preparada para contener progresivos niveles de actividad. La riqueza natural le ofrece pista de aterrizaje al denuedo japonés. Entonces, hay que encarar en forma inmediata un acuerdo “sui generis” con Japón, antes que lo haga otro país.

P.: ¿Cómo se instrumentaría?

P.T.: Primero, obtener de una vez el know how comercial exportador, capitales, mercados y tecnología. Para mantener la solvencia fiscal intertemporal, la carta decisiva es una alianza estratégica para exportar inconmensurablemente, que garantice la renegociación de la deuda pública. Con la confección de un borrador y el anuncio de una exploración con un socio como Japón, regresa el entusiasmo perdido y la confianza en el “ingenuity” de nuestras instituciones económicas.

P.: ¿Cómo sería la complementariedad?

P.T: Cuando existen indicios que algo se hace inadecuadamente, como exportar, lo mejor es buscar a alguien que lo haga mejor. Es parte del movimiento estratégico más amplio de la sociedad global del ambiente productivo. Recurrir al conocimiento, la experiencia y la creatividad de los que saben, aplicada al proceso que no funciona. La “alianza con un distinguido” que no genera suspicacias ideológicas ni políticas porque Japón no es EEUU, Rusia, Irán o China. Es un país repleto de complementariedades. En definitiva, extendemos nuestro propio negocio argentino porque somos un país pyme, con ingeniero prestado que viene a trabajar en nuestro enorme galpón, y va a emplear, enseñándole el oficio a nuestros hijos. Nos presta sus mejores vendedores y los más prósperos clientes de mercados asiáticos, con capital necesario para financiar la cruzada.

P.: ¿Cómo está posicionada la Argentina para lograr un acuerdo así?

P.T.: Argentina luce desprovista de gestión, tecnología, innovación y know how. No compartimos ideología, ni metodología, pero sabemos escucharnos. Es necesario oír al que piensa distinto para enterarse. Nuestro país tiene que incorporar al Poder Ejecutivo, administradores más ágiles. Comprometerse e irrumpir en el mercado mundial, en medio de una crisis donde habrá que reestructurar la deuda pública, no habrá tiempo para un entrenamiento.

P.: ¿Por qué no se avanzó en este camino antes?

P.T.: Existen abundantes argumentos para pensar que las exportaciones son la solución. Sin embargo, nadie intenta lanzar ideas innovadoras por miedo a recibir arrogantes descalificaciones de exfuncionarios expertos, sin resultados sobresalientes. Y ¿Si nos sinceramos y aceptamos que no se sabe cómo? Tenemos una extraordinaria prosperidad dormida por desconocimiento, sospechas ideológicas, sospechas por inseguridad profesional, falta de coraje y fe. Agreguemos egoísmo, falta de apoyo promocional e interés empresario, más una constante tentación de ganancia financiera inmediata. Los economistas de partidos políticos han esquivado el tema. No están fuertes en comercio exterior ni llegada de inversiones en medio de un proceso de reestructuración de deuda; de eso, no se habla.

P.: ¿Cómo debería ser el acuerdo con Japón?

P.T.: Un acuerdo con Japón debería otorgarle la locación de un fondo de comercialización internacional de exportaciones argentinas adicionales. Una propuesta de este tipo, en el actual momento que atraviesa Japón, sería de una escrupulosidad inmejorable, pensando en sus necesidades, más que las nuestras.

P.: ¿Por qué los japoneses deberían interesarse?

P.T.: Hablando con japoneses, es fácil saberlo. Las empresas en el mundo se están reconvirtiendo radicalmente. Me refiero directamente a cambios de rubro. Para Japón puede representar la posibilidad de integrarse industrialmente, desde la materia prima hasta la exportación de agro alimentos terminados en la Argentina. Muchas familias de productos nuevas se lograrían industrializando productos primarios y derivados. Se diversificaría su portafolio de negocios para competir con italianos y franceses; compensando a la vez su excesivo enfoque en electrónica, metalmecánica e informática, hoy altamente saturadas y commoditizadas. Tenemos que defender nuestra materia prima. Si la quieren, se la pueden llevar manufacturada en la Argentina por ustedes mismos. No alcanza con enviar aceite a granel y granos, como se conforma el Presidente.

P.: ¿El contexto es propicio?

P.T.: Japón carece de recursos naturales. Argentina tiene abundancia de petróleo, gas, alimentos, extensiones territoriales. Sería para Japón, abrir un horizonte hoy inexistente, encerrando la posibilidad de fabricar y exportar inclusive hacia su propio país con su delicado eslogan: “sano, natural y fresco”. Proveedor de sus propios productos, que además acciona para nosotros la palanca del sudeste asiático. Es un secreto a voces que los europeos nunca aprobarán que los argentinos le suministremos una porción importante de su comida. En otras geografías, -¿Quién podrá dudar de las normas de calidad, producción y salud, si la industria japonesa pone el sello ArgenJapan?

P.: ¿Cómo nos beneficiaría en el frente externo?

P.T.: La configuración futura de la economía global disminuye las posibilidades de ingreso a los mercados voluntarios de crédito. Ya estamos primeros en la lista de países vulnerables. Por necesidad, más que por virtud, tenemos que abandonar la idea de recuperar el mercado de colocación voluntaria de deuda. El déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos se vino financiando con ahorro externo y en 24 meses colapsó. Se requiere reducir los déficits gemelos y, esto solo es posible a través de un fuerte superávit comercial que no sea producto de la caída de la actividad económica que vemos hoy. La decadencia de la rentabilidad debido a la paralización del consumo doméstico, la falta de financiación y desempleo se seguirán acentuando en los próximos trimestres.

P.: ¿Cuán posible es este tipo de acuerdo?

P.T: Un acuerdo con Japón podría ser la última oportunidad de intentar algo grande, sin dolor. Ya probamos, es imposible continuar aplicando medidas constrictivas que limiten la demanda interna para aumentar el excedente exportable en la Argentina. Necesitamos un “boom de exportaciones”. Debemos abordar un acuerdo con Japón otorgándole beneficios preferenciales para la IED, junto a las importaciones destinadas al desarrollo y la exportación de productos “made in Argentina”. A cambio y como “prima de ingreso” Japón avala una emisión de bonos argentinos a 10 años directa, para realizar el canje de Deuda. Todo monitoreado por el FMI.

P.: ¿Cómo sería la aplicación de ese bono?

P.T.: Sin invertir capital, Japón solo garantizaría un bono “AAA” por, digamos u$s100.000 mil millones, garantizados con exportaciones argentinas. Con esos bonos hacemos un trade off comercial-financiero. Rescatamos 100.000 millones en deuda onerosa a cambio de tasas civilizadas. El solo ahorro de intereses puede estar en el orden de los 5 mil millones de dólares anuales. A su vez, Argentina le garantiza a Japón el cumplimiento, con una parte proporcional del superávit excedente de divisas de los próximos años-hoy en déficit-. De paso evitamos que el ingreso planche el precio del dólar muy por debajo de lo conveniente y el exceso de pesos vaya a precios internos. Se puede constituir una cuenta de garantía supervisada por el FMI. Por el momento los tenemos adentro.

P.: ¿Qué recibiría Japón?

P.T.: Pagamos un “management fee” por el aumento de dólares ingresados por nuevas exportaciones. Las que se generen en los próximos 10 años. Incentivo de millones de dólares anuales, por la utilización de su know how y aval –intangibles- en un tiempo determinado. Esta estrategia también diversifica la oferta de exportación de Japón como alimentos y transferencia de tecnología. Brindaríamos una opción al final del acuerdo para que se renueven los plazos por ejemplo, por 10 años más a cambio de un fee decreciente y transferencia definitiva de tecnología. Mediante operaciones auto liquidables, podremos cancelar deuda con recursos genuinos en lugar de hacer ajustes insoportables.

P.:¿Cómo definiría a este tipo de plan?

P.T.: Es una solución genuina al riesgo de insolvencia fiscal intertemporal y reactivación. Una opción fuerte: disminuimos en forma contundente los déficits gemelos y garantizamos la extravagante deuda. Híper canje garantizado con híper comercio. Una solución sustentable y mayor PBI per cápita a una población que perdió en tres años buena parte de su bienestar. En este momento estamos aislados, nos caímos del mundo, estamos sulfilados por el FMI, debemos elegir entre reinventarnos o explosionar. El campo de batalla de los próximos años es una crisis mundial de comercio. Lo que ahora está en juego es la esencia de nuestro último y reconocido bastión nacional. La creatividad e ingeniosidad argentina.

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