Comienza puja por precios: lácteas piden ya aumentos
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Por caso, las leches SanCor y La Serenísima se venden (precio pactado) a $ 1,54 el sachet. Ambas empresas tiene marcas de segunda línea (Santa Brígida en el caso de la cooperativa; Armonía y Fortuna en el caso de Mastellone Hermanos) que se ofrecen a $ 1,44 el litro.
Es más que obvio que aun cuando las segundas marcas no están comprendidas en el acuerdo, es imposible aumentarlas, sencillamente porque los consumidores se volcarían a las primeras marcas que -por imperio de esta curiosa política de congelamiento parcial- quedarían más baratas que las de segunda línea. Esta visión de las empresas deberá confrontarse con la teoría que esgrimirá Moreno -cuando finalmente se encuentren- sobre la « rentabilidad global» de las productoras de alimentos: se sabe que el funcionario aguardará a los representantes de las empresas con el argumento de que, si bien pueden estar perdiendo dinero con los productos «pactados», deberían sobrecompensar esa pérdida con los que tienen precio libre.
Las lecheras, además de su baja rentabilidad (afirman), tienen un alto costo de distribución y logística: deben llegar todos los días a unos 70.000 puntos de venta en todo el país, con camiones refrigerados. Estos costos se incrementaron de manera significativa desde la firma del acuerdo de precios a fines del año pasado, lo mismo que los laborales (las lácteas dieron un aumento salarial de 19%) y los energéticos, por citar algunos.
Esas serán las cifras con las que SanCor y La Serenísima tratarán de convencer a Moreno de que es inevitable «tocar» los precios de la leche si no se quiere poner en riesgo de desaparición a las empresas del sector. Cuándo sucederá esto es un misterio: nadie quiere ser el primero en asomarse a la trinchera por temor a ser acribillado.
En tanto, ayer trascendieron algunos detalles más de la tumultuosa reunión de la COPAL del lunes, en la que su presidente Alberto Alvarez Gaiani les informó a los representantes de las 42 cámaras que la conforman sobre los requisitos para presentarse ante Moreno a reclamar ajustes en los precios pactados con el gobierno.
Así, según algunos de los presentes en esa reunión, hubo quienes cuestionaron duramente esta estrategia forzada desde el despacho del funcionario, y reclamaron «plantarse» y hasta hubo quienes pidieron «abrir el juego» hacia otros sectores sociales y políticos.
Sin embargo, privaron las voces llamando a la prudencia; después de todo, aseguraron, «92% de lo que producimos y vendemos no está alcanzado por los acuerdos de precios; hay margen para negociar». A esta postura se opusieron los que tienen «atada» toda su lista de precios a sus marcas líderes y productos más vendidos.
Finalmente, la esperanza con la que encararán la ronda de reuniones con Moreno (salvo las lácteas, como se explica más arriba) es lograr del funcionario que les permita «tocar» los valores de venta de esas líneas, y recuperar de este modo parte de la rentabilidad perdida. No parece sencillo alcanzar esta modesta meta: el secretario está «sentado» sobre las listas de precios por orden superior, por razones tanto políticoelectorales como económicas.




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