Comienzan a caer ventas de naftas en el mercado local
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Contrariamente a lo que pasa en los países desarrollados, donde la merma de la demanda provoca una fuerte caída en el precio del crudo y los combustibles, en la Argentina todavía, aun con la reducción de las ventas, pueden esperarse nuevos aumentos en los valores al público.
Según Hess, «la devaluación que llevó el precio del dólar de $ 3,05 a $ 3,33 en los últimos tres meses aumenta nuestros costos, porque el petróleo, que representa 75% de los insumos, lo pagamos en dólares, y hay además abierta una dura negociación con los productores porque están pretendiendo una nueva suba del precio».
En efecto, desde el lado de las petroleras que extraen crudo y no lo refinan, también se afirma que «la devaluación afecta porque todos los costos están en dólares, los salarios de los petroleros son los más altos del mercado y de lo que se cobra por el barril de crudo -entre 42 y 47 dólares por barril-hay que descontar las regalías que se pagan a las provincias y otros impuestos».
Además, la Argentina vive desde 2003 en una especie de burbuja en relación con el resto del mundo con respecto a los precios del petróleo y los combustibles. Con la aplicación de altas retenciones al crudo, el gobierno logró fijar un precio interno que se mantuvo alrededor de 37 dólares el barril desde ese año hasta 2007 y subió a fines de ese año a la escala actual de 42 dólares para las variedades más pesadas y de 47 para las más livianas y de mejor calidad.
En noviembre de 2007, el gobierno cambió el esquema de retenciones a las exportaciones de crudo y combustibles, subiendo de 5% a más de 40% el impuesto para las ventas externas de estos últimos productos.
Según Esso, las empresas que no tienen petróleo propio en la Argentina pierden 5% por barril exportado de nafta virgen y otros tipos de productos que no se comercializan en la Argentina, debido a las retenciones a la exportación, los costos internos y la caída de los valores internacionales.
Hess dijo que «estamos prácticamente obligados a exportar los excedentes, porque no nos podemos sobreestockear y, de no vender afuera, tendríamos que bajar la utilización de la refinería».
A este panorama se suma la situación de las estaciones de servicio que no pertenecen a las petroleras y que por la caída de las ventas y la contención de precios dispuesta por el gobierno, están operando casi sin rentabilidad, si se exceptúa a las bocas que venden GNC solo o GNC y líquidos, que están en una situación más desahogada.



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