27 de noviembre 2002 - 00:00

Como en casa

Para Roberto Lavagna, la llegada a Berlín resultó más dura de lo que esperaba. Pero no por la intransigencia del gobierno alemán, sino por una inesperada huelga que afectó al transporte en París.

El paro, que tenía como objeto la defensa del transporte público, le impidió tomarse el avión París-Berlín pautado para la tarde. Y la alternativa era esperar recién a la mañana siguiente para realizar el vuelo.

La apretada agenda lo hizo desistir de pasar una segunda noche en la capital parisina y optó por la alternativa preferida de los estudiantes cuando viajan por primera vez a Europa: la travesía en tren.

• Camarote exclusivo

Así, terminó recurriendo al Eurail Pass, que conecta a París con Berlín en 12 horas. Pese al largo viaje, Lavagna pudo al menos disfrutar de un camarote para él solo en primera categoría. Los tres asesores que lo acompañan, Leonardo Madcur (subsecretario de Financiamiento), Leonardo Costantini y Adrián Nador no tuvieron la misma fortuna. Tuvieron que compartir un segundo camarote.

Lo más duro, de todas formas, todavía no había llegado y le tocará hoy a la mañana: las reuniones con los principales funcionarios de las secretarías de Economía y Finanzas del gobierno alemán.

Por unas horas, los enormes inconvenientes de tránsito y de agenda que provocó la huelga lo hicieron a Lavagna sentirse como en casa.

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