7 de febrero 2008 - 00:00

Cómo gestó Wall Street virus "subprime"

Cómo gestó Wall Street virus subprime
En los últimos meses los mercados financieros están siendo afectados por una crisis que se desató en los préstamos hipotecarios «subprime» ( aquellos destinados a personas con un débil historial de pago) que luego se expandió a otros sectores de la economía. Pero, para entender este fenómeno que afecta a todas las plazas mundiales, es preciso analizar la estructura de determinados productos financieros que se hicieron populares en los últimos años.

Desde 2001, los ingenieros financieros aparentemente habían logrado convertir préstamos de baja calidad (otorgados a clientes de bajos ingresos), sin calificación, en bonos con calificaciones «AAA». Lo consiguieron al empaquetarlos en «productos estructurados» denominados, en general, como Obligaciones de Deuda Colateralizada (CDO, por sus siglas en inglés). La «magia» de esto fue la forma en que derramaron las potenciales pérdidas en los préstamos subyacentes.

Los CDO comprendían una cartera de activos que incluían bonos «AAA», «AA»,... hasta llegar a la deuda de menor calidad. Cualquier pérdida en el portafolio era en principio asignada a la deuda de menor calidad. Si ésta no alcanzaba para asumirla completamente, se subía un escalón siendo los papeles «AAA» los últimos en verse afectados. Incluso, se creía que los de mayor calificación podrían aislarse ante un nivel de default en el crédito como el experimentado en la Gran Depresión.

Entonces, los riesgos para los inversores de los bonos «AAA» y los de deuda de menorcalidad eran bien claros. Los «AAA» estaban aislados, en la estructura, de todo menos de una cesación de pagos severa. Los de menor calidad, inevitablemente, iban a tener pérdida pero se esperaba que fuesen los suficientemente pequeñas y ocurran en el largo plazo para que fuera posible ganar dinero.

  • Delicado

  • En cuanto a los bonos « intermedios», aquellos calificados entre los «AAA» y los de menor valor, tienen un riesgo delicado pero significativo que hacen que estos papeles sean muy diferentes a los títulos tradicionales con calificaciones de créditos comparables.

    Estos títulos «intermedios», abarcan por lo general, finas capas en toda la estructura. Por ejemplo, los papeles «BBB» comprenden aproximadamente 4% del total. Si las pérdidas son superiores al monto de la deuda de baja calidad, la porción de los títulos «BBB» recibirían 100% de las pérdidas de los préstamos subyacentes.

    Entonces un bono de u$s 4.000 millones podría absorber pérdidas de u$s 100 millones en los préstamos. Esto significa que una vez que la deuda de baja calidad está completamente absorbida, una pérdida de 1% en los préstamos subyacentes resultaría en una pérdida de 25% en los papeles «BBB» (1%/4% = 25%). Los inversores de bonos tradicionales por lo general no esperan perder todo su dinero en caso de default. Debido al alto nivel de apalancamiento en los papeles «intermedios», si surgen pérdidas, lo más probable es que los inversores lo pierdan todo.

    A pesar de la gran innovación que significaron los CDO, los inversores no comprendieron los riesgos en el apalancamiento. Al no apreciar la velocidad con la que el riesgo escala dentro de la estructura cuando los defaults están por encima de lo esperado, posiblemente pagaron demasiado por las estructuras creadas. Esto incentivó a los diseñadores a obtener préstamos para crear nuevos CDO con el objetivo de ganar la diferencia entre el costo del préstamo y el precio al que vendían los títulos. Había mucho interés por los CDOs y entonces había que generar créditos que los alimenten. La demanda por los préstamos para conformar a los CDO fue tan importante que se empezaron a otorgar bajo tasas de interés y, con ciertos términos de crédito, que no reflejaron un análisis racional de los riesgos.

    El frenesí que se creó por prestar y pedir prestado para crear nuevos CDO llegó a su fin bruscamente por los problemas en el mercado hipotecario. Dado el incremento en las tasas de los préstamos variables, el cese de pago en las hipotecas de alto riesgo alcanzó niveles muy por encima de las expectativas. Así, los CDO hipotecarios, a lo largo de toda su estructura, están presentando importantes pérdidas.

  • Vendedores

    Los inversores, al darse cuentade los riesgos del apalancamiento en los CDO hipotecarios, empezaron a comprender que esto podía suceder en todos los CDO y salieron a vender sus posiciones y dejaron de demandar nuevos papeles.

    Así, además de la fuerte caída en los precios de los productos existentes, lo que generó pérdidas en los bancos y en los fondos de inversión, también se frenó la demanda en casi todos los mercados de créditos, incluso en aquellos en los que los deudores contaban con excelentes historiales.

    Ahora, los creadores de los CDO, entre los que se encuentran los principales bancos, tienen papeles que nadie quiere comprar y necesitan fondos para préstamos que habían planeado estructurar y vender. Del otro lado, los financistas, que ven caer el valor de sus actuales préstamos, no tienen incentivo alguno de continuar financiando en el corto plazo.

    Este parálisis en el mercado de créditos, en un economía que depende casi 70% del consumo, es un camino hacia una recesión segura. Así, de un período de confianza excesiva se pasó a otro de temor irracional.
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