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Este entorno financiero más adverso ha llevado a la re-evaluación de las vulnerabilidades específicas de todas las compañías analizadas por Standard & Poor's. Algunos de los efectos han sido la baja de la calificación de Globopar S.A., Net Servicos de Comunicacao S.A., RBS Participacoes S.A., Klabin S.A., Usinas Siderugicas de Minas Gerais S.A. (Usiminas), Eletropaulo Metropolitana Eletricidade de Sao Paulo S.A., y AES Sul Distribuidora Gaucha de Energia S.A.. También se ha revisado la perspectiva de las calificaciones, a negativa desde estable, para Votorantim Group, ALCOA Aluminio S.A., y Aracruz Celulose S.A.
La tendencia para la mayoría de estas calificaciones es claramente negativa y seguramente seguirá bajo presión en vistas de la persistente presión financiera. Por otro lado, la actividad económica local también ha registrado una tendencia a la baja con un crecimiento de solamente 0.14% en el Producto Bruto Interno (PBI) del primer semestre de 2002. Las perspectivas de crecimiento en Brasil siguen estando limitadas en el corto plazo por las altas tasas de interés y el estancamiento de la demanda, lo que ejerce más presión en los márgenes, en la generación de caja y, finalmente, en la flexibilidad financiera para amortizar la deuda.
La aversión al riesgo brasileño ha sido más severa desde mediados de junio que durante la crisis de 1998-1999. Aunque hubo presiones de liquidez en 1998-1999, este año la reducción en las líneas de crédito ha sido más rigurosa. Además de la debilidad extrema de la moneda local antes de las elecciones, Standard & Poor's ha incorporado
Como resultado de lo anterior, la mayoría de las compañías en el país no encuentran oportunidades prácticas para fondearse en los mercados de capitales, ya sea nacional o internacionales, y, cuentan con opciones muy limitadas respecto a líneas bancarias disponibles. El mercado de financiamiento bancario ha sido siempre más flexible que los mercados de capitales, y aun durante crisis pasadas, las compañías brasileñas nunca habían experimentado tal recorte de liquidez. Las líneas comerciales, que siempre han sido una fuente de capital de trabajo a largo plazo, relativamente económica para los exportadores, han disminuido de manera significativa tanto en volumen como en plazos; de forma más evidente desde julio de 2002. Además de la principal preocupación en cuanto a la continuidad de las políticas macroeconómicas, los bancos internacionales que tradicionalmente han alimentado este mercado, están intentando proteger sus balances para evitar incurrir en mayores pérdidas, y ya congelaron o están trabajando para reducir su exposición en Brasil. Usualmente, los límites crediticios existentes se mantienen por el bien de la relación, sin embargo el sistema bancario no espera aumentar la actividad crediticia o proveer liquidez adicional para compensar la desaparición de los mercados de inversión. La menor liquidez, junto con los plazos más cortos y a los altos diferenciales, están ejerciendo fuertes presiones en la capacidad de pago de las corporaciones y en su futuro perfil financiero.
Las compañías que no pueden depender del respaldo de efectivo en mano, de un flujo de efectivo fuerte, o del “nfoque en la calidad”han estado y seguramente continuarán enfrentando serias dificultades para cubrir sus necesidades de deuda en el corto plazo. Algunas empresas ya admitieron su incapacidad para pagar la deuda como se acordó originalmente y están negociando con acreedores una especie de reestructuración, que por lo general involucra plazos más largos con mayores tasas de interés. Otras compañías más conservadoras, anticiparon el fondeo de sus necesidades de crédito desde 2001, y ahora están ajenas a esta crisis de liquidez. Incluso las compañías que están en posibilidad de pedir prestado lo harán bajo condiciones más desfavorables, situación que a la larga traerá consigo un deterioro en su perfil financiero.
Otra preocupación es el impacto de la depreciación de la moneda local en los balances de las empresas. Durante 2002, el real brasileño se ha depreciado 22% frente al dólar estadounidense. El efecto de la devaluación no se sentía o se retrasaba cuando las compañías podían refinanciar las líneas de dólares. Sin embargo, ahora que tienen que usar su disponibilidad de efectivo o pedir prestado en moneda local para comprar dólares en el mercado spot a fin de repagar su deuda denominada en dólares, el impacto real en 'efectivo' de la devaluación monetaria (a diferencia de los meros ajustes contables en el estado de ingresos) ha aumentado sustancialmente, ya que las compañías que en el pasado lograron diferir este impacto mediante financiamiento a largo plazo, ahora no pueden hacerlo. El impacto de la devaluación puede ser negativo hasta para los exportadores, que probablemente ya repatriaron el efectivo de sus cuentas por cobrar en moneda extranjera a un tipo de cambio mucho más bajo.
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