Más cauto que Néstor Kirchner y con una economía mucho más poderosa que la argentina -la 12° del mundo-, Lula escogió ayer una fórmula conciliadora para asegurar que «no necesita» renovar el acuerdo con el FMI que expira en marzo. «No usamos ningún recurso del Fondo hasta ahora y no lo precisamos, pero no voy a usar bravuconadas y decir que no lo vamos a necesitar», dijo. Esta actitud es la contracara de la Argentina que, hasta ahora, en espera de un acuerdo con el FMI, no hizo más que agredir y achacarle a la entidad financiera -que brinda el crédito más barato del planeta-la culpa de todos los males criollos.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y su mujer, Marisa Lula da Silva, durante la misa celebrada en San Pablo con representantes de los Sin Techo y trabajadores de reciclaje de basura.
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