Confirmado: no pagarán a Banco Mundial con reservas
Ayer, Roberto Lavagna anunció que no pagará con reservas el vencimiento de deuda que la Argentina tiene con el Banco Mundial en noviembre. Lo anticipó este diario y pone al país al borde de la ruptura con organismos internacionales. Inclusive, Lavagna fue más allá y descartó que en el viaje a Washington que hoy emprende -comienza la asamblea anual del FMI- se vayan a producir avances en las negociaciones para arribar a un acuerdo. Las declaraciones del ministro de Economía apuntaron a responder a la cúpula del FMI y a culparla por la falta de un acuerdo con la Argentina. Eduardo Duhalde ya había anticipado al N° 1 del FMI, Horst Köhler, la decisión de no usar más las reservas para pagar deudas con organismos por el temor a que ello genere una corrida cambiaria y una hiperinflación. Deja así otra pesada carga a quien lo suceda. A corto plazo, igual la situación es grave y por primera vez en la historia la Argentina está al borde de entrar en default con organismos internacionales. Ni siquiera en los últimos años de la gestión de Alfonsín, cuando ya había entrado en cesación de pagos con la banca extranjera, la relación con los organismos internacionales llegó a un grado de tanta tensión como el actual, en el que el gobierno responde al FMI a través de una conferencia de prensa como la que ayer dio Lavagna. Pero hubo más retrocesos: calificó a sus funcionarios como integrantes de «burocracias», o «tecnoestructuras».
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Periodista: ¿La política argentina es honrar los pagos de octubre noviembre y diciembre a organismos o privilegiar mantener las reservas del Banco Central e ir a un default?
Roberto Lavagna: La Argentina ha cumplido siempre con sus obligaciones externas. Y lo va a seguir haciendo ahora. Puede haber sí dudas sobre el cuándo y el cómo; en ese sentido, hay objetivos internos extremadamente importantes y hay también el objetivo de cumplir con las obligaciones externas. La única manera de reconciliar esos dos objetivos y cumplirlos simultáneamente es el acuerdo con el Fondo, un acuerdo que no implica fondos frescos, porque nunca pedimos fondos frescos, sino la reprogramación de vencimientos de 2002 y de 2003. Nosotros vamos a seguir trabajando con seriedad técnica y política en lograr este objetivo. Por ahora, nada más.
•Rescate
R.L.: No, no es correcto, sencillamente porque el viaje de estos próximos días no es un viaje de negociación con el Fondo, es un viaje para asistir a la Asamblea Anual del FMI y del Banco Mundial. Esto no quita que tengamos organizada una serie de reuniones bilaterales con el G-7 y con el Fondo; pero éste no es el escenario como para ir adelante con negociaciones.
P.: ¿Podría sintetizar cuáles son las razones que están perturbando que la Argentina quede a este modesto objetivo que se ha propuesto de reprogramar las deudas de 2002 y de 2003? Todos los días aparece algo nuevo, y esto se termina convirtiendo en un galimatías que hasta aburre escribir sobre el tema.
R.L.: Comparto plenamente lo de «aburre escribir sobre el tema» y mucho más aburre tener que contestar... La posición argentina en esto ha sido clara, creo que casi su pregunta tendría que hacerla en Washington. La posición argentina fue que no hay obstáculos técnicos para cerrar un acuerdo con el Fondo desde finales de julio, principios de agosto. Debo decir sí que el Fondo tiene una visión distinta porque ha introducido el tema político en una forma en que no estaba introducido con anterioridad y porque tiene dificultades para actualizar su percepción sobre la situación argentina. ¿Qué quiero decir con esto? Durante las primeras reuniones a finales de abril, durante todo mayo y durante todo junio, el Fondo Monetario sostuvo que la Argentina estaba al borde de la hiperinflación, del colapso del sistema financiero y, por supuesto, al borde de una recesión aún más profunda. La realidad se ha encargado de demostrar que ese diagnóstico técnico era totalmente incorrecto. La adaptación del diagnóstico técnico a la nueva realidad argentina es una tarea que le está costando mucho al Fondo.
P.: En una conferencia con los brasileños para una cadena de TV, el presidente Duhalde dijo que la idea de Economía es postergar justamente, porque se puede, por 30 días, el vencimiento del día 9 de octubre, pasarlo para noviembre y en ese período seguir negociando. Dijo que ésa era la postura de Economía. ¿Usted confirma eso?
R.L.: Sí, por supuesto.
P.: ¿Entonces el día 9 no paga y deja para noviembre?
P.: Entonces, ¿pasa para noviembre?
R.L.: Como le digo, esa posibilidad se ha venido usando en todos los meses anteriores sin necesidad de que esto ni siquiera aparezca en los diarios, es una cuestión puramente administrativa; en noviembre, efectivamente, es el vencimiento.
P.: ¿Usted piensa que son atendibles los reclamos políticos que está haciendo el Fondo y cree que, además, es subsanable en la Argentina la búsqueda de ese consenso político?
R.L.: Ya dijimos desde el Ministerio de Economía hace algunas semanas que no les vamos a presentar a los diferentes candidatos, incluso algunos de ellos no están todavía oficialmente definidos, ningún programa que no esté mínimamente acordado; sería un absurdo pretender que la dirigencia política dé cheques en blanco. Esto ya ha pasado en otros países, incluso recientemente, donde el Fondo intentó obtener de alguna manera cheques en blanco, y el resultado fue empeorar la situación, no mejorarla. Para hablar con seriedad con los distintos candidatos, hay que hablar con datos en la mano, y para hablar con datos en la mano hay que avanzar en fijar exactamente dónde estamos en esta negociación y cerrar por lo menos el borrador de la negociación.
P.: ¿Qué pasa si el acuerdo con el Fondo no llega? ¿Cuál va a ser la política de la Argentina? ¿Seguir utilizando sus reservas?
R.L.: Hay dos prioridades internas que son absolutamente irrenunciables: una es lo que se refiere a sostener el programa de Jefas y Jefes de Hogar y todos los planes sociales que están en el presupuesto. Ahí también me parece que el Fondo no logra percibir las cosas con claridad y no incorpora la enorme mejoría relativa en lo social; esto no significa decir que la situación social es óptima ni mucho menos, pero hay una enorme mejoría relativa en lo social que tampoco ha sido incorporada. Este es uno de los objetivos internos irrenunciables. El otro es el que se refiere a asegurar el equilibrio y el financiamiento de las economías provinciales; ha costado un enrome trabajo a las provincias y a Nación hacer los acuerdos de financiamiento ordenado; esos acuerdos de financiamiento ordenado que reducen fuertemente el déficit provincial, que tienen el compromiso de no emitir nuevos bonos o cuasi monedas, hay que preservarlos, y si no hay financiamiento externo, como estaba previsto en un momento, habrá que dar prioridad en la asignación interna de los recursos; de modo tal que esos dos objetivos son irrenunciables. La única manera de reconciliar las obligaciones externas con estos dos objetivos que son absolutamente no renunciables es alcanzar un acuerdo con el Fondo. Y, si no, cada cual deberá asumir sus responsabilidades.
P.: ¿Qué quiere decir usted con esta frase de que «cada uno asuma su responsabilidad»? ¿Esto es un alerta, una amenaza?
R.L.: No, simplemente que cada uno tendrá que asumir su responsabilidad, tendrá que saber qué es lo que conviene a los intereses que le corresponde vigilar. No más que esto.
P.: ¿Qué van a hacer usted y los miembros del equipo en Washington para aclarar o por lo menos tratar de resolver ese problema de percepción con el Fondo y los miembros del G-7?
R.L.: Nuestra tarea es fácil y difícil a la vez. Para quien quiera pensar con absoluta objetividad, la tarea es fácil porque los datos están ahí, los que le di recién, a los cuales podría agregar que los bancos están reconstituyendo sus depósitos, que no están pidiendo redescuentos al Banco Central, que están empezando lentamente a iniciar una política de crédito, que, en paralelo con el sistema financiero, se están desarrollando fideicomisos de inversión que están empezando a financiar la actividad -todo eso no está en la nota, pero podría estarlo porque los datos son objetivos, están ahí-. La tarea es difícil porque a las tecnoestructuras les cuesta digerir de alguna manera errores de diagnóstico como los que ocurrieron en abril, mayo y junio.
P.: Otro tema que está siempre dando vuelta es el del anclaje monetario, y esto lleva obviamente al tema de los amparos y las decisiones que pueda tomar la Corte con la pesificación. ¿Realmente el Fondo Monetario está planteando que el gobierno encuentre una solución al problema de la Corte?
R.L.: Desde nuestro punto de vista, es una traba imaginaria, la traba no existe, desde el punto de vista técnico, por razones objetivas, o por lo menos no existe ahora; hace unos meses, los amparos representaban una salida de depósitos inusual, extremadamente elevada, del orden de los 1.500 millones de pesos. Y obviamente esto generaba problemas muy fuertes en el programa monetario. A raíz de distintas acciones que se tomaron, sobre todo en el plano impositivo, pero también por el cambio de la situación económica general que se produjo, estos datos han variado de manera sustancial, y en el último mes hemos estado por debajo de los 400 millones y, en consecuencia, eso hoy no crea dificultades insalvables a la política monetaria.




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