Raquel Chan: “Dejar de hacer agronegocio para cambiarlo por agricultura familiar no es una alternativa de país”

Economía

“Se puede producir cuidando el ambiente”, señaló la bioquímica, quien desarrolló una tecnología para que los cultivos sean resistentes a la sequía. Se mostró muy crítica con el ambientalismo.

La investigadora del Conicet Raquel Chan, quien con su equipo desarrolló la primera tecnología transgénica en Argentina, cuenta que la tecnología HB4 podría mejorar la producción de trigo pese a la sequía, y aumentar las exportaciones. Sin embargo, la bioquímica reveló que su investigación salió “de casualidad” y que hay un “bache enorme” entre la ciencia argentina, de “primer nivel”, y el sector productivo. Criticada por un sector del ambientalismo, y en medio de los debates por las prohibiciones del offshore y la minería, Chan aseguró que el Estado debería mejorar su capacidad de auditoría. Además, anticipó que trabaja en una nueva tecnología, la HB11, para cultivos resistentes a las tormentas.

Periodista: Desarrolló la tecnología HB4 para que el trigo sea resistente a la sequía, en un año donde la falta de lluvias va a impactar en la producción agropecuaria. ¿Podría cambiar algo?

Raquel Chan: La aprobación para el uso de la tecnología llegó a fines del año pasado. El trigo se siembra en invierno y se cosecha a partir de octubre. Por eso solo hay sembrado 55 mil hectáreas en terrenos experimentales, hoy es algo simbólico, porque en Argentina se siembran más de 6 millones de hectáreas. Hoy con la aprobación ya se podría comercializar, eso lo lleva la empresa Bioceres, que es con quien nos asociamos. Este año, al estar permitido el uso de esta tecnología, deberían sumarse más productores.

P.: ¿Qué impacto productivo y económico podría tener?

R.C.: Para hablar de números, hay que esperar a ver cuántos lo adopten. Pero tenemos estudiado el aumento en la productividad, habrá mayor producción en la misma frontera agropecuaria. En los terrenos de baja precipitación el aumento del rinde puede llegar al 100%, en zonas de Buenos Aires, Córdoba o San Luis. En donde llueve poco va a hacer la diferencia. Eso va a implicar un plus de producción, que se traduce en mayores exportaciones, más aun luego de que Brasil lo aprobara, que importan el 70% de nuestra producción. También Bioceres está haciendo trámites de aprobación en Indonesia, Paraguay, Australia y Estados Unidos, y de China para la soja HB4.

P.: ¿Hacía cuánto que la Argentina no sacaba una patente?

R.C.: En biotecnología animal hay muchas patentes. En Argentina tenemos ciencia de primer nivel en vegetal, aunque la comunidad es mucho más chica que Estados Unidos o Australia. Pero tenemos la costumbre que descubrimos algo y lo publicamos. Si ya publicaste, no podes patentar. Eso es un aprendizaje que parece tonto pero no lo saben todos.

P.: Dice que la ciencia argentina es de primer nivel, ¿cómo ve la relación con el sector productivo, para poder llevar estas innovaciones?

R.C.: Hay un bache enorme para que la ciencia se vuelque a la sociedad en desarrollo productivo. Lo intentan cubrir las oficinas de vinculación tecnológica, el Conicet, las universidades, pero eso no se hace así. Hay que seguir modelos de países exitosos. Las oficinas de vinculaciones están bien porque si querés hacer un convenio se ocupa que se cumpla todo lo legal de la propiedad intelectual, y que el Estado tenga una ganancia directa en regalías. Pero lo que no hacen es el link. Otros países lo que hicieron fue generar institutos intermedios. Las instituciones que hacen ciencia fundamental las tenemos, como puede ser el Conicet, eso hay que sostenerlo, pero falta la relación con los empresarios, que son reacios a invertir en cuestiones de riesgo. Estos institutos intermedios pueden ser estatales o mixtos. Toman lo que hay en el Estado de aquello que puede tener un desarrollo productivo, lo escalan lo suficiente para que sea tentador a la empresa. Ese modelo funcionó bien. Lo que habría que consensuar son los temas a apalancar. Noruega eligió el petróleo, Israel las tics, y en base a eso hicieron los institutos.

P.: ¿En su caso la conexión con Bioceres cómo fue?

R.C.: Fue personal, casi casual, alguien me dijo que patentara mi investigación, yo dije no tengo plata para eso, me contactaron con alguien de Bioceres, les interesó, fue un poco casualidad y un poco que se alinearon los planetas. Pero no hubo una vinculación promovida desde la institución. Esto salió bien de casualidad, pero las cosas así no salen. Y es muy importante para el país. El investigador Fernando Stefani analizó cómo el crecimiento del ingreso bruto per cápita de algunos países crece en forma paralela, pero con delay, a la investigación en ciencia.

P.: El Estado invierte en ciencia, ¿después si o si se necesita del sector privado para la parte productiva?

R.C.: Estoy absolutamente convenida. Yo he sido una privilegiada, el Estado me apoyo vía Conicet y la universidad. Pero el aparato administrativo es muy duro, la burocracia es pesada en el sistema de compras por ejemplo. Si querés ser competitivo y hacer un desarrollo rápido no podés funcionar con ese sistema. Por eso creo que la única forma es la asociación virtuosa con una empresa. La asociación público-privada es un modelo universal, es un trabajo que hay que hacer ahí.

P.: Fue muy criticada por el ambientalismo por su desarrollo transgénico. Hay un debate muy fuerte, en medio de la prohibición de la exploración offshore, la minería o la salmonicultura. ¿Cómo se para en ese debate?

R.C.: A mi me cuestionaron un montón, me tiraron piedras. Una de las criticas grandes que hay es sobre el modelo de agronegocios, que no lo manejo yo. Vos podes cambiar el modelo, pero no lo vas a hacer en 5 minutos. Hay gente que no es consciente que el celular que usa, el auto, lo que sea, tiene partes fabricadas en el exterior, y se pagan con dólares. ¿De dónde se sacan los dólares? De la exportación. Yo no se mucho de economía, pero es algo simple de entender. Si no exportamos granos, ¿qué exportamos? Bueno, prohibamos el modelo de agronegocios que es malo para el ambiente. Desaparecemos. El ambiente deja de tener al ser humano como centro. No defienden al ser humano, que también es parte del ambiente. Cuando escucho que festejan las prohibiciones, como fue el cultivo de salmón, y al lado el país vecino tiene un ingreso muy importante, pienso que es absurdo. Se puede producir cuidando el ambiente. Cuando hablan de ambiente la gente piensa en animales y plantas, pero no en las personas. O a alguien le preocupa toda la pobreza que tenemos en el conurbano. ¿Eso no es el ambiente? Y eso se mejora con plata. No nos gustan los granos o el salmón, ¿cuál es la alternativa? La alternativa no puede ser ir a pescar todos los días y poner la comida en la sartén o volver a la agricultura familiar. La gente trabaja todo el día. Hay que ver cómo conciliar el cuidado del ambiente, se puede. Vi gente festejar prohibiciones, ¿qué es lo que festejan? Las actividades tienen efectos ambientales, negarlo sería erróneo. Pero hay estudios de cómo hacerlo mejor.

P.: ¿Cuál es su respuesta a la crítica sobre su desarrollo transgénico?

R.C.: Me llegaron a tildar de hacer agronegocios, pensé en hacer un juicio por difamación, pero no tengo tiempo para meterme en abogados. Yo no me dedico a eso, yo pertenezco al sector público, cobro mi sueldo del Conicet, y un sueldo de la universidad por el cargo simple por 10 horas de docencia compatible con el cargo de investigación. Por definición los herbicidas, que matan la maleza, no son buenos para el ambiente. Hay que usarlos con moderación. Si no los usás y sembrás arriba de la maleza, le sacan agua, luz y nutrientes a la planta, y golpean tu rinde. ¿Cómo reemplazamos esos herbicidas por algo más amigable por el ambiente? Todavía no se ha logrado. Hay alternativas pero extremadamente caras. La ciencia va a llegar algún día. El problema es que tirar herbicida se tercerizó. La legislación está perfecta sobre el tema, pero no se cumple, entonces después ves accidentes puntuales como una escuela fumigada. Se requiere de más auditoría o inspecciones.

P.: ¿El Estado argentino tiene la capacidad para regular?

R.C.: Es que la regulación ya está. Lo que no se es si tiene capacidad de auditar. Hay que poner un esfuerzo ahí para que no sea tan contaminante. Requiere una inversión, pero también un cambio de cultura. Hacer las cosas mal no es suficientemente castigado ni siquiera por la ley, por el resto de la sociedad. Si cambiamos esto no tendríamos tantos problemas con los herbicidas. Mientras le daríamos tiempo a la ciencia para que desarrolle cosas más amigables con el ambiente.

P.: ¿La agricultura familiar es una alternativa?

R.C.: Celebro la agricultura familiar, está bien que convivan los dos sistemas. Pero no vamos a vivir de esa exportación. No podemos dejar de hacer agronegocio y cambiarlo por agricultura familiar, no es una alternativa de país. Nosotros mismos tenemos un proyecto sobre el tema que presentamos para el plan de argentina contra el hambre. Logramos ensanchar el tallo y así la planta produce más. Hasta ahora tenemos terminado lo del tomate.

P.: ¿Después del trigo HB4, en qué está trabajando?

R.C.: Estamos con el HB11, otro gen de girasol parecido al HB4, para maíz, soja y arroz, que sea tolerante a las inundaciones y grandes tormentas. El trabajo que lleva 4 años, es sólido, tiene una patente, y ahora estamos en un estadio que se puede transferir a una empresa. Para eso nos vendría bien un instituto intermedio. Espero que siga el mismo camino que el trigo HB4, pero más corto.

Dejá tu comentario