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6 de diciembre 2002 - 00:00

Convencen a Pignanelli para seguir en el BCRA, por ahora

La mención que hizo ante un grupo de académicos Roberto Lavagna sobre el Banco Central como un ejemplo del Estado cautivo de los intereses privados hizo detonar ayer de nuevo las relaciones del ministro con Aldo Pignanelli, presidente de la entidad. Furioso, el economista renunció verbalmente, pero una sobredosis de Atanasof, indicada por el Presidente, de viaje ayer en Brasil, lo hizo retroceder. La orden de Duhalde fue que no quiere renuncia alguna en el área económica hasta que no se firme el acuerdo con el FMI. En una larga sesión de terapia con el jefe de Gabinete, Pignanelli hizo catarsis de sus sentimientos por el maltrato del Presidente, cuando él entiende que está sumando éxitos para un gobierno que lo obliga a quedarse callado ante los ataques públicos del ministro. Anoche, Duhalde logró congelar esta salida, con lo cual conjura una crisis, pero también empata en la puja entre funcionarios. Un clásico de la administración duhaldista. Pignanelli queda herido, pero el mensaje para Lavagna (ayer en Brasil con Duhalde) es claro: no le va a regalar la cabeza de Pignanelli y menos para que el ministro ponga un hombre propio. La permanencia de la actual cúpula del Central seguirá por un tiempo más, deberá confirmarla el presidente Duhalde este fin de semana, cuando regrese de su viaje, aunque no se descarta una sorpresa. El detonante de la pelea fue también un nuevo borrador de la carta de intención que el FMI le envió a Lavagna, quien pidió que directamente se lo ocultaran al BCRA. Fue la gota que rebasó el vaso en los sucesivos capítulos de la pelea Lavagna-Pignanelli. La apertura del «corralito», el descongelamiento parcial del «corralón» y el default con el Banco Mundial fueron apenas algunos de los temas que los enfrentaron en los últimos treinta días. Jorge Levy, actual superintendente del Central e íntimo de Duhalde, sonaba como principal candidato en caso de producirse un reemplazo.

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La reunión se produjo a primera hora de la tarde, justo cuando el presidente de la Nación, Eduardo Duhalde, se encontraba viajando rumbo a Brasilia junto al ministro de Economía, Roberto Lavagna, que desencadenó la ira del titular del BCRA y su amague de renuncia. Es la segunda vez, desde que asumió a principios de junio, que amenaza con irse.

La bronca de Pignanelli se relacionó con el nuevo borrador de la carta de intención que el FMI le hizo llegar al equipo económico el último viernes.
El titular del BCRA se enteró recién ayer por la mañana de la existencia de este nuevo borrador y virtualmente enloqueció.







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