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20 de octubre 2006 - 00:00

Convenio sujeto a más inversión en los dos países

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El gobierno de Néstor Kirchner se aseguró ayer el suministro de gas boliviano hasta 2026, en un volumen que pasará de 7,7 millones de metros cúbicos diarios en la actualidad a 27,7 millones en 2009 o 2010. Pero esto será posible sólo si se obtienen las inversiones necesarias para extraer el producto en Bolivia y para construir un gasoducto en nuestro país.

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El acuerdo suscripto con el presidente Evo Morales fija un precio cierto para toda la extensión del contrato, lo que hasta ahora sólo estaba negociado hasta fin de año: el valor del millón de BTU (unidad calórica del gas) será de 5 dólares, pero sujeto a ajustes según la variación de la cotización internacional de combustibles sustitutos, como el fueloil y el diésel, cláusula que entra dentro de parámetros internacionales.

Para Bolivia, el convenio es la carta con la que pretende negociar con Brasil, renuente a aceptar que se modifique el precio de los contratos vigentes. Ahora, la Argentina se asegura casi la misma cantidad que tiene contratada Brasil -30 millones de metros cúbicos diarios- y ya no se puede argumentar que a más volumen corresponde bajar el valor.

  • Implicancia

  • Para el gobierno, el acuerdo implica garantizarse una cantidad de gas que compensará la caída de la producción local y en parte cubrirá el crecimiento de la demanda. Puede decirse que si Bolivia no ofrece certidumbres, los inversores privados no se expondrán a desarrollar las reservas de gas para lo que se requieren más de u$s 3.000 millones, si se busca responder a los compromisos asumidos con ambos países.

    Pero también es cierto que con Morales o sin él, el gas no va a quedar en el subsuelo por mucho tiempo, y la Argentina por lo menos tomó posición para cuando se extraiga.

    Como ya estaba previsto en el acuerdo bilateral firmado en junio, el Estado nacional financiará la instalación de una planta separadora de gas en el sur de Bolivia, que le permitirá a este país quedarse con la parte más rica del gas -el propano y el butano- y exportar el producto como combustible al norte argentino.

    Ese aspecto del acuerdo revela las paradojas de la situación argentina: desde Tierra del Fuego se exporta a Punta Arenas en Chile, la «sopa» de la cual se separan después el propano y el butano, mientras en territorio local sólo queda el gas sin sus elementos ricos, que se inyecta en el gasoducto del Sur para el consumo.

  • Gasoducto

    El convenio firmado ayer incluye que YPFB, la empresa estatal boliviana, participe en el gasoducto del nordeste que se va a construir para transportar la mayor cantidad de gas importado. Asimismo, ENARSA participaría en exploración y producción de gas en Bolivia. En los dos casos, no queda claro de dónde saldrán los recursos.

    De todas formas, Kirchner no está pensando en esto como algo concreto. Por eso ayer dijo que «si los pícaros que tienen que hacer las inversiones, no las hacen, la Argentina va a ayudar a Bolivia», sin entrar en más precisiones.

    Si Morales salió favorecido con el acuerdo frente a una difícil situación interna y a la negociación con Brasil, Kirchner también resaltó el carácter político del acuerdo que le permite sentirse menos solo en medio de países vecinos cada vez más recelosos.
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