21 de noviembre 2005 - 00:00

COPAL ya da por perdidos los reintegros a la exportación

Los empresarios de las alimentarias continuaron -esta vez, en silencio- sus gestiones para que el ministro Roberto Lavagna revea su decisión de eliminar los reintegros a las exportaciones del sector. Sin embargo, en esa industria ya se da como un hecho poco menos que irreversible, luego de la reunión que mantuvieron el jueves en el Palacio de Hacienda con el titular de Economía y el subsecretario de Coordinación Económica, Fernando Nebbia. La curiosidad del encuentro fue que la delegación de la COPAL (la cámara que agrupa a las empresas alimentarias) no estuvo encabezada por su presidente, Alberto Alvarez Gaiani. Según trascendió, Lavagna -fiel a su hábito de «bajarle el pulgar» a quien disiente de él- habría puesto como condición para aceptar la reunión que Alvarez Gaiani no formara parte de ella. El ministro, según se sabe, mantiene un ánimo adverso contra el dirigentedes de que éste era presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) y dijera algunas cosas que al ministro no le gustaron.

Esta fue también la razón por la cual el miércoles último, después de que el martes la COPAL emitiera un comunicado (firme, pero no descomedido) pidiendo la devolución de los reintegros, Lavagna los atacara desde una tribuna en Rosario, acusando a los alimentarios de querer «tomar todo». Ese día la UIA iba a emitir un comunicado en apoyo de la COPAL, pero luego de las palabras del ministro optaron por un prudente silencio y por la negociación «por fuera de los medios».

Así fue como se pactó el café en el 5° piso de Hipólito Yrigoyen 250, al que concurrió Federico Nicholson como cabeza de la delegación empresarial, en su doble rol de hombre de la UIA y representante de las alimentaria (la azucarera Ledesma). Consciente de que lo importante era zanjar las diferencias con el ministerio y no acentuarlas, Alvarez Gaiani aceptó de inmediato ser « prenda de paz» con su ausencia.

• Promesa

El fondo de la cuestión es la inamovilidad de la eliminación de los reintegros, salvo en el caso de las economías regionales, un tema que Lavagna habría aceptado reconsiderar porque influyen poco en la recaudación, pero tienen un gran efecto multiplicador en el empleo. También, como ya trascendió, el ministro habría prometido estudiar el tema de la manteca de maní, cuya producción se exporta toda y por el hecho de que ya hay contratos en ejecución cuya cotización incluía los reintegros como parte de los costos totales. «Pero del resto de los reintegros, ni hablar», habría sido el mensaje de Lavagna.

Para explicar que la medida -que aún no ha sido instrumentada, igual que la reducción de la doble indemnización y la nueva ley de ART- no tendría efectos negativos sobre la industria alimentaria, el ministro aseguró que había otras que los favorecían ampliamente, como la suba de los encajes y el premio a los bancos que prestaran a largo plazo para proyectos de inversión. Esta medida, además, apunta claramente y desde una perspectiva casi ortodoxa a combatir la inflación.

Sin embargo, según un estudio que circula desde hace tiempo en la
UIA, la suba de las tasas en una economía como la Argentina no necesariamente implica una caída en los precios por retracción de consumo. «Eso es válido en economías como la de Estados Unidos, que tiene prestado al sector privado el equivalente a 100% del PBI, o de Brasil (80%); en la Argentina es apenas 9% del PBI», dijo a este diario un dirigente industrial. Por ahora, nadie se animó a decirle esto en la cara a Lavagna, seguramente por temor a correr la suerte de Alvarez Gaiani y de otros directivos de la UIA a los que el ministro no quiere ver, al menos por ahora.

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