21 de noviembre 2000 - 00:00

Crece el empleo en negro en la Argentina


La proporción de trabajadores informales asalariados -es decir, aquellos sobre los cuales el empleador no realiza contribuciones- creció en forma apreciable en las últimas dos décadas. El aumento se registró para todas las categorías de asalariados y en todas las regiones del país. En particular, en el área metropolitana de Buenos Aires (GBA) en 1980 sólo 20% de los asalariados no realizaban aportes al Sistema de Seguridad Social (SSS), mientras que a fines de esa década el porcentaje era de 30%, y en 1999 alcanzaba a 38%. La tendencia ascendente sólo tuvo esporádicas interrupciones (1989, 1992 y 1994), por lo que el empleo en negro está adquiriendo proporciones cada vez más importantes. Si se incluye a los autónomos -que en su mayoría evaden la previsión-, se tiene que alrededor de 50% de la población ocupada está fuera de la seguridad social. El otro 50% se encuentra dentro del sistema, aunque buena parte también evade una fracción de sus ingresos (vía subdeclaración).

El análisis de la experiencia argentina de los últimos veinte años, durante los cuales se verificaron importantes reformas estructurales, ilustra acerca del impacto de las mismas sobre el mercado de trabajo y los problemas que aún persisten y contribuyen al aumento del empleo en negro. La primera conclusión de un reciente estudio de FIEL(1) es la de que si bien existen factores macroeconómicos que impulsan el aumento del trabajo informal, las principales causas deben hallarse en el deficitario funcionamiento del propio mercado laboral. En efecto, en mate-ria de factores macroeconómicos cabe observar lo siguiente:

No existe una relación estable entre producto total y empleo informal: este último creció en los últimos 20 años tanto en períodos de auge como durante las recesiones.

Distintos métodos de medición tienden a mostrar que la proporción de economía negra no creció significativamente en los '90, por lo que el aumento en el empleo informal no es mera consecuencia de una mayor economía negra.

Los cambios en la «estructura» de la producción (entre sectores de actividad) no implican un aumento del peso relativo de las ramas con relaciones laborales predominantemente informales.

El cambio tecnológico ahorrador de mano de obra parece haberse diseminado más dentro del sector formal que en los sectores informales, aun cuando no es claro que haya una involución tecnológica en el sector informal (caída notoria de productividad).

El aumento del empleo informal en los '90 resulta, por lo tanto, más consistente con una creciente informalización de la economía (mayor proporción de informales tanto en el sector negro como en el sector blanco) que con cambios en la proporción de economía negra, la tecnología o la estructura sectorial. Desde el punto de vista de la demanda de trabajo, existen factores que han alentado la informalización y otros que han gene-rado incentivos a la menor demanda de trabajo informal.

El marcado incremento en la tributación al trabajo entre 1983 y 1995 creó incentivos a la mayor informalidad de los contratos hasta mitad de los '90.

El reemplazo del impuesto inflacionario por tributos que recaen sólo sobre contratos formales aumentó el premio a la evasión, pues todo el peso del impuesto cayó sobre las actividades formales.

El aumento de la presión fiscal en los '90 dio lugar a alguna mejora en el cumplimiento tributario en los impuestos tradicionales (IVA y Ganancias), y a su vez a un menor cumplimiento en los tributos a la seguridad social, de más fácil evasión.

Por el contrario, las mayores penalidades por la contratación de empleo informal introducidas por la ley penal tributaria, el incremento de los intereses resarcitorios y punitorios, la indemnización introducida en la ley de empleo y las multas establecidas en el Pacto Federal de Empleo, así como la reducción de impuestos laborales (en firme desde 1996) son instrumentos que desalentaron la contratación de empleo informal.

Desde el lado de la oferta laboral (es decir, desde el lado de los individuos que se ofrecen en el mercado), la baja relación beneficio-costo de la seguridad social mantuvo el fuerte incentivo a evadir. En efecto, el sistema de seguridad social introduce -aun hoy, luego de una sustancial reducción en las contribuciones patronales- un impuesto para todo asalariado soltero o solo y para aquellos casados con nivel intermedio o superior de educación. En efecto, si un asalariado calcula todos los pagos que debe realizar a la seguridad social y todos los beneficios presentes y futuros que puede obtener y computa ambas corrientes de ingreso a valor presente, puede comprobar que las contribuciones que realiza superan casi siempre los beneficios que obtiene. El cuadro adjunto muestra la situación para trabajadores del Gran Buenos Aires, ya sea que estén casados con hijos o solteros y según su nivel de ingreso medio declarado. Se observa que cuando mayor es el salario anual, mayor el impuesto que se paga por contribuir al SSS. Además, en el caso de los solteros, el impuesto siempre supera los beneficios -aun para los trabajadores de bajos ingresos-. Ello implica que amplias franjas de trabajadores siguen teniendo claros incentivos a escapar del sistema formal para eludir este impuesto. Los beneficios del sistema de seguridad social sólo son positivos «socialmente» para la población de bajo nivel de instrucción, que probablemente descuenta el futuro a elevada tasas, y por lo tanto evalúa negativamente el seguro social», y son «privadamente» positivos para quienes evaden subdeclarando sus ingresos.

Finalmente, está el tema de la regulación laboral. La baja flexibilidad de los contratos formales respecto de los informales se puso de manifiesto en la segunda mitad de los '90. En estos últimos años de la década, y a pesar de la importante caída en las contribuciones patronales, los ingresos informales cayeron muy rápidamente más que compensando la reducción impositiva en los contratos formales. De tal forma, la política tributaria siguió desde atrás al mercado laboral, los salarios informales cayeron más rápidamente que el costo laboral formal y aumentó el incentivo a contratar por esa vía. En suma, si bien la economía negra es una porción significativa del PBI total, la informalidad laboral es un fenómeno que creció más allá de la propia economía subterránea, y en la última década se extendió también a las relaciones laborales en la economía blanca. El aumento de la informalidad laboral en los últimos 20 años se explica en buena medida por la elevada tributación sobre el factor trabajo, el efecto de la estabilización de los precios que aumenta la carga impositiva real, el escaso beneficio del sistema de seguridad social para la inmensa mayoría de los asalariados, la inflexibilidad de las normas laborales aún vigentes en la Argentina y el traspaso de buena parte de la oferta de asalariados al sector informal frente al aumento del desempleo, como mecanismo de búsqueda de una ocupación que -aunque con flexibilidad salarial extrema-proporciona al menos una chance de obtener un empleo. Si a ello se le agrega el condimento de impuestos que se evaden fácilmente, el resultado es que tanto los demandantes (empresas) como los oferentes (trabajadores) han tenido y tienen aún buenos incentivos para escaparse del sistema de seguridad social.

(1) FIEL, «La economía oculta en la Argentina», Buenos Aires, octubre de 2000.




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