17 de mayo 2004 - 00:00

Crisis crea más conflictos con las empresas de energía

Néstor Kirchner
Néstor Kirchner
La crisis energética, ahora ya definitivamente instalada debido a las bajas temperaturas de los últimos tres días, convulsiona al gobierno, aunque éste no quiera admitirlo, y suscita a su vez presiones cada vez más fuertes hacia el sector empresario, como dan cuenta los diarios de este fin de semana. No hay noticias nuevas, sino versiones, especulaciones y amenazas veladas, pero vale la pena un repaso de lo que sucede y de lo que se publicó:

• Shell y Esso no estarían interesadas en continuar el negocio en la Argentina. Como ocurre siempre que el precio internacional del petróleo se dispara, las refinerías pierden dinero o tienen un margen muy estrecho de ganancia. Esto es lo que les estaría pasando hoy a esas dos compañías en el país, donde no tienen petróleo propio. De ahí a que se hayan puesto a la venta, hay una distancia considerable. Pero lo cierto es que una vez tomada la decisión de que un activo ya no tiene importancia estratégica, para una multinacional todo depende de que aparezca un comprador y del precio que ofrezca.

• Sin embargo, la situación puede tener otros matices. Si una de esas empresas termina con sus directivos presos por presuntas acusaciones de contrabando, como está ocurriendo, puede decidir irse de un día para otro, aunque el precio no sea ventajoso.

• Algún funcionario menor creyó ver en el creciente desinterés de Shell y Esso por quedarse en el país, la oportunidad para que la nueva empresa de energía se quedara con activos petroleros importantes en formainmediata y se convirtieraen «testigo» del mercado.

• Otros piensan, y parecen más creíbles, que la oportunidad del negocio sería recogida por Petróleos de Venezuela que viene anunciando la instalación de estaciones de servicio en el país desde 1999, pero nunca la concretó. Ahora, se trataría de comprar un negocio ya armado, con una porción considerable del mercado, y en el medio de una estrategia del presidente Chávez de vender activos en Europa, para concentrarse en su estrategia política regional. Por eso, hay muchos que creen que el inusitado acto con que el gobierno recibió al primer barco de fueloil venezolano, es en realidad, una señal política de que hay mucho más atrás.

• La relación entre el gobierno y Repsol YPF atravesó uno de sus peores momentos en la gestión Kirchner en la última semana, y hay muchos que creen que fue el propio discurso oficialista, el que de alguna manera creó condiciones para el ataque de los piqueteros a la sede central de la petrolera el miércoles, en pleno centro porteño.

La versión más creíble es que el presidente Néstor Kirchner recibió al titular de Repsol, Alfonso Cortina, exigiéndole directamente, que resolviera la crisis del gas de este invierno, porque la empresa ganó mucho dinero en el país, según habría dicho el mandatario. Kirchner habría utilizado la amenaza a la petrolera ya sea con quitarle la concesión de áreas o con aumentar retenciones (esto último se hizo), pero nadie sabe hasta dónde llegaron las amenazas, y mucho menos cuánto margenpolítico tiene el gobiernopara aplicarlas.

• Se habla de aplicar retenciones a las exportaciones de gas natural, y en la negociación por el alza de los combustibles, el gobierno llegó a barajar la amenaza de subir hasta 100% la retención por la parte del precio del petróleo que supere los 35 dólares.

• En el encuentro con Cortina, Kirchner también habría cargado contra las transportadoras de gas, debido a la falta de capacidad de los gasoductos para atender la demanda interna, aun cuando apareciera todo el gas que se necesita.

• Dicen que por esa razón, apareció rápidamente el proyecto de creación de ENARSA cuyo objeto social le permite cualquier actividad, desde la exploración y producción de petróleo, hasta transportar y distribuir gas y electricidad. (Ahora, el proyecto debe ser convertido en ley por el Parlamento.)

• Precisamente las privatizadas de gas y luz se enteraron por un medio de prensa de la versión oficial según la cual el gobierno pretende un acuerdo parcial a firmar antes del 30 de junio, que no incluya aumentos de tarifas, tal como hizo con Aguas Argentinas. Las empresas, en cambio, tenían la promesa, en algunos casos formulada a los principales directivos, del ministro Julio De Vido de que tendrían una suba de 10% y después un sendero de adecuación hasta 2006, como ya se hizo con el precio del gas que perciben las petroleras.

• Si el criterio de no dar aumento es un globo de ensayo o una decisión tomada, todavía no se sabe. Sin embargo, hay también una velada amenaza de que ENARSA podría hacerse cargo de las empresas, si sus accionistas no aceptaran las reglas de juego. Esto es casi una temeridad, si se considera que son empresas fuertemente endeudadas en muchos casos, que no van a irse sin un juicio millonario al Estado nacional.

• En medio de todo esto, la historia con Aguas Argentinas puede ser un símbolo. El gobierno la atacó desde que asumió, utilizando también medios de prensa, y el jefe de Gabinete llegó a decir que si no cumplía las inversiones que debía, se le iba a rescindir el contrato. Todo terminó con un acta hasta fin de año y una relación impensable meses atrás. Kirchner dijo que el acuerdo que no incluye suba de tarifas y que dura ocho meses «es un ejemplo» a seguir por las otras privatizadas.

• Como si tanta confusión fuera poca, el ministro Roberto Lavagna volvió a decir que hay que asegurarle gas a la industria, ya sea operando sobre las estaciones de GNC o sobre los hogares. Lo cierto es que por ahora el gas que falta se corta a la industria que tiene contrato interrumpible. Con alguna razón, esas industrias se quejan porque, dicen, que firmaron ese tipo de contrato, esperando que les faltara gas unas semanas en el invierno, y no tres o cuatro meses seguidos.

• Lo curioso es que el gobierno tampoco hace nada para parar los amparos judiciales que obligan a dar gas a industrias o estaciones de GNC. Hay quien dice que el criterio de llegar a la Corte en «per saltum», para que no proliferen los amparos, está descartado por ahora, porque el gobierno teme que la imagen lo asocie al menemismo, que usó ese recurso para privatizar Aerolíneas Argentinas.

• Sin embargo, también hay quienes se preguntan si el gobierno quiere realmente parar los amparos, o por esta vía, llegar a lo mismo que pretende Lavagna: que la industria tenga gas, y falte presión para los hogares y sobre todo para las estaciones de GNC. Sería una forma extraña de manejar la crisis del gas, porque de hecho, el gobierno perdería el control sobre el despacho, y quedaría a merced de fallos judiciales, pero tampoco puede descartarse esta versión.

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